miércoles, 3 de junio de 2009

Jan Fabre pierde las formas y el fondo

¿Qué tiene el teatro contemporáneo que para provocar necesita bajarse los pantalones, masturbarse, jugar con los genitales y berrear contra todo lo que se mueve? Algo pasó, igual que en el caso del arte contemporáneo; la senda se perdió en la inmersión escénica en discursos cada vez más complejos, abstractos, que intentaban (igual que la pintura) romper esquemas y formatos. El trabajo de tirar piedras contra los escaparates de siempre terminó con el teatro hecho añicos. ‘Orgy of tolerance’, de Jan Fabre, estrenada en Salamanca durante el Festival de las Artes, es un ejemplo de cómo las formas superan al fondo. Un buen fondo, todo sea dicho, pero empañado como un ojo con cataratas con el exceso de juego sexual y político. 

Todos los tópicos imaginables sobre el racismo, el capitalismo, la religión o lo socialmente aceptable caben en la hora y tres cuartos de la obra, que arranca con diez minutos de competición entre cuatro actores para ver quién se masturba más veces en el menor tiempo posible. Y nadie se levantó para irse. Había un humor muy inglés en toda la obra, aunque las transiciones eran largas, tediosas y en ocasiones de dudoso gusto: el mal gusto como elemento teatral ya está más que visto, y habría que pensar en algo mejor para conectar con el personal. Dicho esto, queda la sensación de un 5 raspado, de un sí pero no, de cierto tipo de decepción, porque no hay nada más subversivo y revolucionario que una palabra, un discurso, un monólogo o una frase lapidaria bien dicha. Nada hay más vanguardista que palabras bien engarzadas entre sí, cuando el diálogo desnudo con el público convierte el mensaje en una bala de plata. Todo lo demás distrae, es superfluo y demuestra cierta falta de argumentos. Que el fondo no se pierda entre tanto alarido, masturbación y provocaciones. En esa caso, Jan Fabre falló el pasado lunes. Buen intento, bonito envoltorio rompedor, pero nada más. 

Pd: Cierta redactora de cierto periódico, al comentar la obra, entre la ignorancia supina y la superioridad infundada (especialmente dadas sus lagunas) dijo eso de "¿Es que a cualquier cosa llaman arte?". Especialmente hiriente el comentario cuando lo hace alguien que considera que el techno levantino es lo más grande de la historia de la música y su ilusión es trabajar de gogó. Qué pena de guillotina, de verdad... Ánimo Jan, no te dejes comer por las hormigas...

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