
domingo, 17 de abril de 2011
Guerra Civil y huevos de oro

sábado, 27 de noviembre de 2010
Katyn, 70 años tarde

“Nosotros no somos unos bárbaros salvajes, no matamos a civiles en masa”. Es la frase que el nada ético mariscal Montgomery le espetó al general alemán que fue a rendir armas el día que terminó la Segunda Guerra Mundial en Europa. El gerifalte alemán estaba preocupado por el trato que se le había dado a algunos prisioneros alemanes. En el otro extremo del mundo, el planeta entero ya se había dado cuenta de que Stalin era el diablo: los cerca de 22.000 oficiales polacos que fueron asesinados en Katyn. Durante décadas fue anatema mencionarlo en Rusia, donde siempre le echaron la culpa a los nazis, los mismos que habían descubierto las fosas en 1943. Pero finalmente, hoy, el Parlamento Ruso ha reconocido y pedido perdón por un crímen contra la Humanidad cometido por orden directa de Stalin. Ajusta cuentas pues la moderna Rusia con su pasado, y no deja de ser una expiación postrera y la demostración de que Polonia es el país con menos suerte del mundo, fustigado por todos y demolido por casi todas las dictaduras. Stalin aniquiló a la oficialidad polaca para evitar que su ejército se volviera a levantar. Finalmente, más tarde que pronto, Europa sigue exterminando sus culpas y limpia su alma, más bien que mal, cosa que no han hecho muchas otras naciones y potencias igual de culpables pero que no dicen ni pío: Japón (casi 10 millones de chinos masacrados), China (millones condenados a trabajos forzados y al hambre), Vietnam, Birmania, la India, Pakistán, Irán, Argentina, Chile… “Civilizadamente bárbaros”, dicen los filósofos.
martes, 23 de noviembre de 2010
Nuremberg
Durante siglos Nuremberg fue una de las ciudades culturales de Europa, de los centros artísticos más importantes, especialmente ligada a la música y al desmesurado (y beneficioso) poder de los gremios. Fue, con diferencia, una urbe mucho más importante que Munich o los grandes centros nacidos al calor posterior de la revolución industrial en el rico sur germano. Además, tuvo un papel destacado en la forja de los usos musicales tradicionales de Centroeuropa que luego pasarían a la música sinfónica; casi podría decirse que sin Nuremberg no hubiera existido Wagner, por poner un ejemplo. Una ciudad medieval, próspera, culta y todo lo feliz que se puede ser viviendo en una ciudad de cultura (de verdad, no como otras…).

Hasta que la locura llegó y se convirtió en el epicentro del nacionalsocialismo, en el escenario predilecto de las grandes concentraciones nazis, uno de los platós al aire libre en los que Riefenstahl filmó el horror estético. Curiosamente nunca fue tomada por los Aliados, se rindió cuando el dictador decidió escapar por la vía rápida de una bala y una pastilla de cianuro. Quizás por eso la eligieron como escenario de otra película igual de contundente: el primer juicio internacional por crímenes contra la Humanidad. Se han cumplido 65 años y en Nuremberg los alemanes, con su habitual manía por la expiación, han montado una gran exposición con documentación y objetos e aquellos años. El mismo día que murió Franco se conmemoraban los 30 años de aquellos juicios; otra forma de justicia poética.

Estas seis décadas y pico han dado para que haya toda una tradición jurídica de caza y captura del déspota común (y una película de Stanley Kramer con dos Oscar), pero una y otra vez los gobiernos y grupos de presión han evitado que sean juzgados muchos. Pinochet se escapó; Videla y compañía siguen ahí, purgando, pero no terminan de meterles mano a todos, y algunos ya han muerto. Es más fácil meter en una celda de La Haya a un dictador africano que a Putin o Bush, por ejemplo; esos se salvarán, pero no para la Historia. Queda el recuerdo y la idea de que ningún bastardo despótico debe quedar sin castigo: Castro se escapará, igual que los jefes del Partido Comunista chino. Pero otros no podrán volar. Sólo por eso merece la pena el tesón y el recuerdo. Quizás así Nuremberg pueda volver a ser la ciudad de la música y los gremios.
martes, 7 de septiembre de 2010
Este Bicentenario...

Ya está tocando las narices la rabelasiana clase política que nos ha tocado tener y sufrir. Ante la carga de críticas contra el nombramiento de Arturo Pérez-Reverte como comisario de la exposición del Bicentenario de la Constitución, la Pepa, en Cádiz, el escritor ha dimitido y adiós muy buenas. No estuvo dando tumbos como un zombi por medio mundo durante la primera mitad de su vida para ahora tener que sufrir los latigazos de gente que él sabe definir muy bien. Ha sido IU, ese cadáver que no anda sino que levita, el que le ha dado la puntilla al cargar contra él a toda velocidad. Así que Pérez-Reverte ha dicho que no se mete en tonterías y que se va para no tener que dar más explicaciones que las de un ciudadano normal. Entre otras críticas se le echó en cara lo de tener un sueldo de 400.000 euros totales, un punto que no fue nunca verificado. Así que ya hay un puesto laboral a disposición de quien quiera recibir pedradas.
Respecto al Bicentenario salmantino, y para no andarnos con bobadas, es mejor hacer lo mismo que el Ayuntamiento de Cádiz y darle los mandos del recuerdo de Arapiles y de la liberación de Salamanca a quien realmente sabe: quizás una dirección colegiada, con Martín Más, Tomás Hijo y algún catedrático de la Usal especializado. El pelotazo mediático sería tremendo en Salamanca, y dos tipos que saben montárselo bien ayudarían a que la gente no se olvidara que el suelo que pisan fue el mayor campo de batalla de principios del siglo XIX junto con Moscú y la Rusia europea o Austerlitz. Estas cosas es mejor dejárselas a los letrados, a los que piensan, a los que tienen ideas para hacer bolas de nieve con guijarros y no intereses creados, ayuntamientos que regir, elecciones que ganar y cónclaves de partido en los que dar cera, pulir cera, por decirlo con algo de estilo.
miércoles, 30 de junio de 2010
Maldita Inglaterra...
Sí, una vez más la Pérfida Albión ataca de nuevo, esta vez en forma de corredor de Fórmula 1, Lewis Hamilton, que llama envidioso al paladín español Fernando Alonso (ha ha ha) y se mete con un doble campeón del mundo. El problema de Inglaterra, como recuerdan una y otra vez los historiadores, siempre ha sido el mismo: su pequeñez espiritual, convertida en victorioso pragmatismo materialista que les llevó a construir un imperio y a consagrar su cultura como la vara de medir universal. Nuestra civilización bebe directamente de las aguas anglosajonas, tanto en su fuente originaria (Reino Unido) como en las ex colonias (EEUU, la maltratada Irlanda, Australia, Canadá, Nueva Zelanda…). La música, el cine y muchas de las corrientes literarias vigentes hoy salen de esa amalgama cultural.

Odiamos y amamos a Inglaterra a partes iguales, porque les admiramos, pero también porque su única obsesión es denigrar a todo aquel que le suponga un escollo o problema, jugar sucio para quitárselo de en medio y luego disfrazarse de juego limpio. Dice el proverbio, “no hay mayor hipócrita que el moralista lleno de virtudes”. La excusa es que varios historiadores han desvelado una duda: quizás la Armada Invencible no fue derrotada, sino que todo formó parte de un bulo enorme de Isabel I para evitar que su país se hundiera en tan delicado momento, que fueron las tormentas y no Drake la clave para el desastre. Sea como fuerte, qué bonita es la Union Jack y qué ganas de pegarle fuego a veces. Hamilton sólo es una muesca más de esa soberbia inglesa, sea blanco, negro o café con leche como él.

Dicen los profetas de las teorías culturales que Occidente vive su Era Anglosajona, que terminará cuando ascienda el español y el portugués en América, el chino en Asia y las lenguas continentales centrales (francés, alemán, polaco, ruso) en Europa. O puede que no. De todas formas, por cada inglés molesto piensen como nosotros, recuerden ese mítico día del 4 de julio de 1776 y cómo un grupo de pordioseros pusieron de rodillas al Imperio Británico. Siempre nos quedarán las Trece Colonias, aquel paraíso liberal antes de convertirse en el Imperio Americano.
martes, 20 de abril de 2010
Shackleton en Fonseca

Tocaron tierra en la costa sur de la isla y atravesaron a pie la cordillera que la recorría para poder localizar ayuda. Era fundamental para poder después recuperar al resto de la tripulación. En su diario Shackleton sufrió la alucinación del "quinto hombre", alguien que les apoyó pero que no formaba parte de los hombres que le acompañaban, como un ángel de la guarda que les dio fuerzas. Los 22 hombres que habían permanecido en la Isla Elefante fueron rescatados por Shackleton, que llegó a Punta Arenas, en el mes de julio, en pleno invierno antártico. Pero claro, de eso no va a hablar la exposición, sólo de estos modernos argonautas que imitaron el viaje de Jasón y el Argos por un mar helado. lunes, 19 de abril de 2010
Manuel Fernández Álvarez, RIP

jueves, 14 de enero de 2010
¿El fin de Israel?

martes, 17 de noviembre de 2009
Armas, gérmenes y acero

Hace ya muchos años que Fernández-Armesto se atrevió a aglutinar la historia de la Humanidad en un libro llamado ‘Millenium’. En realidad no era todo, eran los últimos mil años, y siempre desde la perspectiva sobredimensionada del también siempre sobreestimado poder chino. Vino a decir, básicamente, que Occidente es un episodio intermedio dentro del dominio de la civilización china. Uno de sus fallos es que pica en el mismo anzuelo de la globalidad: en el siglo V ni los chinos sabían por dónde caía Roma ni a los pobres romanos les importaba un comino por dónde estaba la Gran Muralla. El mundo vivió en esferas separadas y esporádicamente conectadas por rutas comerciales hasta el siglo XVI. Fue Occidente quien unió los continentes con su colonialismo mercantil e imperialismo posterior.
Hasta que llegó Jared Diamond y ‘Armas, gérmenes y acero’, uno de los primeros intentos serios de no inflar las teorías asiáticas ni eurocéntricas y ceñirse a las tres varas de medir de las culturas: ¿quién tiene mejores armas?, ¿quién no ha sucumbido a las pandemias? Y ¿quién es capaz de producir más en menos tiempo? El eje del libro, que ya está en edición de bolsillo (7 euros, no me sean mirados con la pecunia), es un intento de explicación de por qué las civilizaciones euroasiáticas (Europa, China y el Islam) han sobrevivido enteras y han conquistado al resto. Y no por una superioridad cultural, moral o genética (ni el poder del hombre blanco ni la supuesta hegemonía cultural china). Para Diamond las diferencias de poder, y en concreto en la posesión de tecnología entre las diferentes sociedades humanas, tienen su origen en las diferentes condiciones ambientales de las que ya habló largo y tendido Hegel, y antes que él, Herodoto y Estrabón. Unas circunstancias que han favorecido a los europeos y asiáticos (por ejemplo, el gobierno centralizado de China o la resistencia de los europeos a las enfermedades infecciosas). Y un dato contrastable: Europa y China fueron las regiones más densamente roturadas para la agricultura, las primeras en eliminar a los grandes depredadores y en disponer de una red de caminos estable. O lo que es lo mismo, que donde Fernández-Armesto ponía la cultural Diamond es mucho más práctico y pone a los ingenieros.
domingo, 9 de agosto de 2009
Reírse de la guerra: Terence 'Spike' Milligan
Un regalo imprevisto, descubrir la figura estrambótica de Terence 'Spike' Milligan (1918-2002), un tipo básicamente afortunado. Veterano de la invasión de Italia, que participó como artillero del X Cuerpo Británico para defender las posiciones de los Aliados de los ataques de los Stukas alemanes. Lo pasó muy mal, pero mucho, empotrado con su división contra la Línea Gustav que montó Kesselring en el centro de Italia. Después de la guerra se convirtió en uno de los mejores cómicos de TV y autor de comedias de la BBC. Toda una celebridad en Gran Bretaña. Pero lo más grande son sus cartas a sus padres desde el frente en 1943. La mejor, sin duda, esta: “Hola papá y mamá. Escribo esta carta en un agujero en el suelo; es práctico porque, si te matan, simplemente tapan el agujero y lo venden como un cementerio. Seguimos queriendo tomar el té con los alemanes, pero se niegan. La verdad es que son un poco agresivos. Esas son todas las alegres noticias, escribiré de nuevo cuando la situación sea un poco menos tirante con los vecinos…”. La carta está fechada durante el enésimo bombardeo de la Luftwaffe sobre la cabeza de la ofensiva a la altura de Salerno, antes de que conquistaran Nápoles. Lo hemos dejado por escrito porque es el ejemplo perfecto de por qué hay anglófilos por el mundo. Su referencia es el libro ‘La batalla de Monte Cassino’, de Matthew Parker. miércoles, 29 de abril de 2009
El alma desgarrada
De todo lo que podíamos hablar hoy hemos elegido algo en las antípodas de lo habitual en este blog. Una de esas historias que sirven para hacer una película, una novela de éxito (tomamos nota, hay que pensar en el pobre LC) o directamente, y seguramente, encogerle el corazón a cualquiera. Ha sido la BBC la que ha destapado la historia. Durante unas obras cerca del campo de Auschwitz los obreros descubrieron una botella incrustada en uno de los muros de un edificio que las SS usaban de almacén. Dentro había un papel escrito en septiembre de 1944 que contiene los nombres, números de campo y lugares de nacimiento de siete jóvenes internos provenientes de Polonia y Francia. Al menos dos sobrevivieron. Pasarán años, décadas, y quizás nunca podamos realmente llegar a entender el horror que fueron los campos de concentración. Murieron muchos más en otros genocidios de la historia, pero jamás de una manera tan industrializada, deshumanizada y totalmente fría. Si ya es horrenda la muerte de siete millones de personas, todavía más pavor infunde la forma en la que fueron exlos explotados, exprimidos, usados como cobayas humanas o eliminados, en fosas comunas cubiertos de cal.
Millones de palabras y de imágenes no son suficientes para sofocar el miedo y la humillación infringida a toda la especie humana en aquellos campos, la total falta de humanidad. Sólo hubo un momento en toda nuestra historia en la que el diablo realmente caminó entre nosotros, y fue entre 1939 y 1945. Antes o después sólo fue ilusión. El Mal se hizo carne y gas en aquellos años, lo peor había pasado, y su recuerdo debería estar tatuado en nosotros, en nuestras almas, para que jamás olvidemos un pecado cometido entre todos por acción u omisión. Y aunque no estuviéramos allí, los mecanismos que lo provocaron siguen en nosotros, en nuestra sociedad y nuestra psique.