Mostrando entradas con la etiqueta Berlín. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Berlín. Mostrar todas las entradas

viernes, 16 de julio de 2010

Ciao, Tacheles...


Lo que tanto habíamos temido ha terminado por suceder: van a cerrar el Tacheles. Después de muchos amagos durante años, finalmente un banco, el HSH Nordbank (sea lo que sea, es un claro objetivo del terror a partir de ahora), se ha quedado con el solar y el mítico edificio, uno de los lugares más queridos por nosotros, por todos los que hemos tenido el lujo de estar en esa gran caja mágica de arte, juerga y libertad, y que va a terminar como pieza para el mejor postor. 

El antiguo dueño entró en quiebra y el banco se quedó con la pieza, el cual, después de muchas prórrogas y de no entender lo que implica el Tacheles (uno de los cuatro destinos turísticos más requeridos en Berlín, con más de 500.000 turistas al año, por cierto…), quiere sacar tajada. El Tacheles está en pleno centro neurálgico de Berlín, en el barrio del Mitte, entre la Friedrichstrasse y la Oranienburgstrasse, que creció en atractivo turístico gracias al Tacheles. La rúa está llena de bares, galerías, clubes y restaurantes gracias a esa célula okupa, cultural, libre, anarquista y que ha seducido a todos los que entraron. Nos sentimos afortunados de haberlo disfrutado aunque sólo fuera un poquito antes de la voracidad inmobiliaria. Nada de prejuicios anticapitalistas. Si algo odiamos son los típicos tópicos, y los lugares comunes, pero no deja de ser tan estúpidamente repetitiva esta negación del arte libre que no podemos dejarlo pasar: sucios malditos capitalistas de mierda…

Recordamos las más de tres plantas enteras de galerías, el patio convertido en salas de exposiciones y circos itinerantes, en los garitos temáticos en cada zona baja del edificio, en los grandes apartamentos desguazados donde artistas de todo el mundo creaban y compartían, los mercadillos de las plantas para vender desde camisetas a pins o esculturas, la cafetería de la planta superior, las escaleras y las paredes cubiertas de graffiti, los focos, las risas, gente de toda Europa mezclada… Trágico. Suponemos que buscarán un nuevo edificio, o migrarán por bloques al Kreuzberg, o asaltarán el ayuntamiento berlinés para ajustar cuentas. Pero por favor, que no se pierda el espíritu que vimos allí...


lunes, 27 de julio de 2009

Blauehaus - "Números y colmillos"

Dijo el poeta: "Tengo mis venas llenas de óxido, por eso escribo, porque soy de hierro y para hacerlo es imprescindible ser un poco inhumano". No tanto, y menos con la que está cayendo. Todos somos humanos, demasiado humanos. Quizás por eso Nietzsche sea el que mejor ha definido la verdadera, incongruente, contradictoria y siniestra naturaleza humana. Por eso también está la Blauehaus.

"Kavafis se fijó en las manos de Sooki, enlazadas por la atadura de la soga, sin vida y sin resquicio de movimiento. León le dijo que ni se acercara a ella si no quería que le mordiera y se llevara medio cuello con el mordisco. No podía creer ni de lejos lo que le insinuaba el sicario, pero al acercarse un poco más a la faz blanquecina, hermosa y prerrafaelista de Sooki, se dio cuenta de que tenía razón. Sus colmillos eran un poco más largos de lo normal, y mucho más afilados. Con el labio inferior retraído realmente daba la impresión de tener a un príncipe de las tinieblas frente a ella. Sus dedos también llevaban la cuenta de sus pecados: cada número romano era la particular cuenta de los caídos entre sus manos, las de una arpía que disfrutaba bebiendo sangre y cuya perversión casi había acabado con la Blauehaus en el pasado. No era la primera vez, ni la última, que Kassovitz había tenido que emplearse a fondo. Y sin embargo, pensó Kavafis, "qué jodidamente hermosa es", aunque todavía podía sentir el palpitar de su sangre cada vez que subía y bajaba por el cuello. Allí estaba la prueba de que Sooki la había mordido en su delirio. Se palpó la herida y comprendió por qué Sooki se pirraba por la sangre. Ella también lo hubiera hecho, por el simple placer del líquido óxido bajando por su garganta".

jueves, 16 de julio de 2009

Blauehaus - Tormentas azules, labios rojos


Añoramos vivir en la casa de ventanas limpias y puertas de azul eléctrico, donde más de uno pensó en cómo podría ser todo de haber sido dioses llenos de caprichos. En una calle de Salamanca un aprediz de poeta dejó una pintada: "Las peores tormentas siempre son en verano, incluso a miles de kilómetros pueden sentirse los rayos horadar la perfección de su mirada y perderla para siempre". En lugar de una sola píldora, dos. La primera es el dolor de Kavafis, la segunda es el amor puro de Kavafis.

1. "Kavafis sintió cómo se desmadejaba su cuerpo entero, las manos frías, el corazón ahogado, como si alguien tirara de él hacia abajo, hacia el suelo escarchado tras la lluvia brutal que se había llevado por delante su sonrisa. Mares negros como tizones de carbón líquido frío se habían batido contra ella con toda la saña imaginable, como si nada ni nadie pudiera soportar ya su dolor, dejándola ciega. Haber rozado la perfección y la felicidad, conseguirlo todo y perderlo cuando apenas se había empezado a disfrutar. De la luz a la noche. En sus ojos una venda que no la dejaba ver más allá de su anhelo infinito, de su incapacidad para controlar el deseo telúrico de poseerla una y otra vez. Con la cara aplastada contra el cristal del hall del hotel de la Friedrichstrasse, bañada en lágrimas silenciosas sin gemido alguno, una tormenta sin final la ahogó para siempre, la obligó a verla partir para no recuperarla jamás".

2. "Los ojos grises de Kavafis, los faros en medio de la noche roja y densa, que huele a hierro y óxido, como la sangre, rojo bermellón deslizándose por la palma de la mano, por la muñeca, los blancos colmillos de su capricho clavados en la yugular. Rojo indecente, rojo criminal que veo abrirse y moldearse con cada palabra que sale de su boca, del origen de todo mal y toda bondad. El pulgar resbala sobre ellos, tersos y esponjosos, bajo el lánguido lamento de una niña que deja atrás todo. Espinazo arqueado bajo el escalofrío, bajo el beso profundo de la lengua que no la deja moverse, bajo la caricia de la punta carnosa de la suya, que lame las yemas de mis dedos, que se desliza por las comisuras, que busca la piel, la carne blanca para morder otra vez…".

lunes, 15 de junio de 2009

Das Blauehaus - El alba en tu espalda

El torrente azul rompe las murallas y con la nostalgia de un verano que arranca retrotrae al sueño dulce y maravilloso del paraíso en una sola ciudad. “El paraíso está allí donde nuestro corazón se hincha y se siente dichoso de palpitar”, dijeron una vez.

Marie Kassovitz se dejó llevar por la lentísima mecedora del viento. Arqueó la espalda al apoyarse en la pared, dulce, relajada y tranquila, tan sobria que podría haberse hundido el mundo a su alrededor. Fumó todavía más serenamente que nunca, dejando escapar el humo alrededor de su rostro ovalado, que lo bañaba sin poder arrancarle el olor de la noche. Deslizó la mano izquierda en uno de los bolsillos de los pantalones negros; la otra resbaló por uno de los tirantes, por la camiseta blanca, hasta su otro bolsillo. Sostuvo el cigarrillo en los labios rosáceos y canturreó sigilosamente una estrofa de Aznavour. Miraba a Kavafis dormir plácidamente mientras el sol despuntaba por encima de la densa arboleda del Treptower Park. El ático se llenó de luz y los primeros rayos atravesaron la enorme cristalera inclinada para siluetear los blancos cuerpos de Kavafis y Beatrix, juntos, con las manos entrelazadas. Marie miró su reloj y calculó que Viana ya estaba en la Blauehaus. Con el móvil se grabó primero a sí misma, con el cabello oscuro transformado en el rubio oxigenado de la noche anterior. Era y se sentía hermosa, andrógina y perfecta en el caos que proyectaba su alma masculina en el cuerpo de mujer: ‘Te mando el alba en su espalda y un beso, amor’. Al girar la muñeca lentamente grabó la cama y el alba maravillosa de una mañana de primavera en Berlín que acariciaba la espalda sin mácula de Beatrix”.


sábado, 27 de diciembre de 2008

Das Blauehaus - El ángel atemorizado

La melancolía de la lluvia y la nieve siempre hacen brecha en los muros, y mucho más cuando ni esta ciudad ni el mundo dan algo que no sea la tristeza de ver que el ser humano no aprende nunca y se lanza una y otra vez contra la misma piedra. 

"Sonaba John Coltrane de fondo, las luces doradas y tenues, casi extinguidas, el aire con aroma a jazmín y menos cargado de lo que podría imaginarse Kavafis, que seguía apoyada en la oscuridad del fondo de la sala, entre sombras, con los ojos encendidos en busca de algo. Lo encontró en una silueta delgada y arqueada. Fina melena azabache, rostro anguloso, ojos negros como tizones de carbón consumido. Subida a un taburete, una curva detrás de otra, las caderas anchas, las piernas cruzadas, atenazadas por el miedo al mundo, a sí misma o a un pasado que pudiera volver para hacerle daño de nuevo. Las manos pálidas, aferradas a una copa como si fuera un salvavidas, la vista perdida, en todas direcciones y siempre en el mismo punto: el amplio espejo que se abría en un lateral. Kavafis la silueteó mentalmente, la hizo suya con un simple vistazo y percibió que a su espalda brotaban las alas de un ángel que no quería estar allí, aterrada, y deseaba volar lejos, como los arcángeles de Wenders sobre el cielo pasado de un Berlín perdido para siempre en la noche. “Yo entraré en tu corazón con sólo desearlo, yo te liberaré del miedo, yo te haré volar” susurró Kavafis desde lo lejos, los ojos del lobo depredador sobre la tenue curva que empezaba en su cuello y perfilaba el cuerpo hasta los muslos, una gran S mayúscula que buscaba felicidad…”. 

domingo, 14 de diciembre de 2008

Blauehaus - El dolor del rey sin corona

Dijo una vez Marius van Jan: "No hay  mayor dolor y sufrimiento que perder el reino de la felicidad, aquél que se tiene entre los dedos durante un segundo infinito y se escapa entre los dedos". El mundo está lleno de reyes sin corona ni patria que mendigan la felicidad ajena.  

“León miró por encima del hombro de Kavafis mientras ella se alejaba. Hubiera podido rozarla con los dedos y sentir que todavía podía tenerla. Nadie sabe el inmenso poder que tiene el simple roce de la yema de un dedo sobre el cuerpo de otros. Mientras ella se deshacía por dentro, doblada por el deseo. Mientras Beatrix arqueaba la espalda para apoyarse en el quicio de la puerta, los brazos cruzados, la sonrisa enorme, tan grande como su amor por Kavafis, que daba pasos lentos, pero siempre en esa dirección. Mientras que León sentía cómo se le agarrotaban las manos hasta convertirse en piedra de gárgola. La sangre paralizada, los hombros destrozados, una punzada, una estocada enorme que le atravesó de lado a lado el corazón, las tripas, subió por el espinazo y se encaramó para siempre en la cabeza, un dolor inmenso, inabarcable, sin localizar en un punto sino que lo ocupaba todo, que lo cegó, que sólo supo hacer sombras a su alrededor. El dolor del reino perdido, el sufrimiento del futuro irrealizado, la sangre roja hecha oscuridad en sus venas. Su carne convertida en piedra, en roca. León se convirtió en gárgola negra, condenada a cargar con la tristeza de lo que soñó y jamás tuvo”. 

domingo, 30 de noviembre de 2008

Blauehaus - Fresas de Fuego

Kavafis regresa de Ítaca, y al hacerlo descubre que en ella cada acto y pensamiento es el eslabón de una cadena que cobra sentido al verse en perspectiva. Fresas de fuego. 

"Mientras la lluvia se endurecía para convertirse en aguanieve, en un gran enjambre de insectos transparentes que se movía al son del viento sobre Berlín, la Friedrichstrasse se helaba lentamente. Kavafis miraba por el ventanal de la cafetería del hotel. Nina no paraba de hablar de la nobleza perdida en el trato entre los hombres, de cómo la perversión lo había ensuciado todo. Kavafis metió el dedo índice derecho en su copa plana; el hielo picado se mezclaba con los fresones aplastados que absorbían el azúcar y el vodka de su Erdbeere des Feuers, un nombre muy largo para la vieja mentira mental que el escritor judío Zweig había dejado tras de sí para sus lectores. Así que Kavafis lo había terminado por llamar un 'zweig', tan legendario como su paso por la calle bajo el frío. Palpaba los blandos fresones igual que había saboreado sus labios, igual que su piel se había reblandecido por las manos finas y los dedos de pianista de Kavafis, de la misma forma que sabían los fresones olía ella: fruta de fuego, el sabor en la lengua de la carne caliente y seca de su amante mientras se recluía en la esquina más oscura de la Blauehaus". 

martes, 21 de octubre de 2008

Das Blauehaus - Los mares de esmeraldas


Dedicado a la auténtica poseedora de los mares de esmeralda, cuanto más lejos más ansiamos poder mirar en el fondo del abismo verde:

"Cuanto más miraba Kavafis en su rostro, antes perdía el aliento. La respiración se ahogaba en medio de las tripas, con los pulmones apretados contra el corazón, el agujero negro que tragaba sangre, vísceras y alma para luego bombearlo todo sin orden. El ansia podía con todo, con las paredes, con las ventanas, las puertas, con aquel hombre despreciable que la tenía totalmente subyugada sin necesidad siquiera de ponerle la mano encima. Envidiaba al bastardo porque entre sus dedos aleteaba el alma de Beatrix como si todo fuera suyo y le perteneciera, como si fuera su esclava. Podría haberse ido de Berlín cuando hubiera querido, pero deseaba profundamente quedarse junto a él, compartir el aire, las palabras, las miradas, las puestas de sol que se hundían en los mares esmeralda de sus ojos acuosos e inabarcables, el ala del ángel que venía en su busca. Kavafis había visto el primer ocaso de su mundo en aquellos espejos infinitos, había visto al sol hundirse en mares de esmeraldas puras, resbalar lentamente por los rayos del iris de Beatrix sin apenas poder evitar derramar una lágrima. Kavafis dijo: Mi alma se ha refugiado en tus ojos porque no soporta seguir dentro de mí. Ella sólo parpadeó y la observó deliciosamente, como quien saborea la nata en la boca, aunque él estuviera al otro lado de la pared o a millones de kilómetros".

sábado, 27 de septiembre de 2008

Lluvia azul (Das Blauehaus)



La Blauehaus ataca de nuevo. "Llueve azul sobre la materia gris", que solía decir Gervaise de la Rochelle los días que no tenía que escapar por salvar su vida.


"De todos los trabajos inservibles el del cazador de almas es quizás el peor de todos. Camuflado tras la apariencia de un ser desolado y necesitado, el cazador realiza todo tipo de pericias para poder cercar, lentamente, el alma de su presa. Bien sabía Kavafis lo que quería decir Kassovitz, la otra K, el reverso encarnado y bermellón de su espíritu azul, el mismo que se balanceaba sin cesar al otro lado de la cuerda que había tendido Kavafis. Le miraba a los ojos, dos lagos azules en los que las palabras retumbaban para llegar aún más lejos, hasta sus labios de reina del bosque, el mismo en el que se refugiaba sin cesar. '¿Por qué es un trabajo inútil?', preguntó ella. Porque los trabajos de amor siempre son perdidos, porque el cazador es un iluso que cree coleccionar voluntades cuando en realidad se limita a exhibir su lastimera soledad en busca de una reina para el trono desvalido de su existencia. Somos esclavos en busca de ama que nos haga sentir bien, nada más que eso. ¿Sabes cuántas almas he intentado cazar a través de los años? Cientos, quizás miles, pero apenas he podido encadenarme realmente a un puñado de ellas, quizás demasiado ociosas como para no permitirse el lujo de dejarse llevar por un par de frases susurradas al oído, por los ojos llorosos de quien mira bajo la farola de su sombrío funeral adelantado. Al final siempre perdemos, siempre somos apartados por el viento del capricho hacia algún rincón donde no molestemos. 'Somos pura soledad' dijo ella mientras miraba a la calle. Berlín era de agua y granizo esporádico, era de asfalto reluciente, de sombras huidizas que volaban de toldo en toldo intentando escapar de la agujas de plomo que caían desde el cielo. 'Llueve azul' susurró Kavafis mientras unía sus manos y rezaba para verla pasar una vez más".

lunes, 1 de septiembre de 2008

Para los amantes de la Casa Azul


Por petición popular (y por "popular" entendemos más de tres personas, qué somos pocos, por ahora) vamos a insertar otro pedacito minúsculo de 'Das Blauehaus' de L.C., para que el respetable se tranquilice en vísperas de que algún día vea la luz para satisfacción del reducido grupo de fans de estas lágrimas de plata que caían sobre el Spree. 

"Tomaba un simple café, y mientras daba vueltas al líquido con la cucharilla metálica, un poderoso escalofrío electrizó su cuerpo desde los pies a la cabeza, un latigazo que hizo arder su piel. Agarró la libreta negra que llevaba consigo y empezó a garabatear lo que salía de su cabeza, una y otra vez, el mantra: Azul de mi deseo, rojo de mi sangre. Sin parar, la escribió hasta una decena de veces en letras que empezaban redondas para luego convertirse en líneas ondulantes como las batidas de las olas del mar contra la costa, igual que el dolor que se la comía por dentro. Era la divisa de Kavafis, que se comprimió al ver pasar por la acera de enfrente al ángel azul que se había bebido su alma sin compasión. Apretó al final tanto el lápiz que rompió la mina y no pudo completar la frase por enésima vez".

jueves, 28 de agosto de 2008

Das Blauehaus (La Casa Azul)


Éste es un extracto de 'La Casa Azul' (Das Blauehaus), de L.C., texto en gestación pero que ya ha absorbido el seso a más de uno. Es una simple gota de la lluvia que cae desde hace semanas, desde que parte de Corso Expresso pasara por Berlín y no pudiera evitar caer rendido a sus pies.  

"En el Mitte, en pleno corazón berlinés, se levanta la puerta del afán y el deseo de Kavafis. Kalkscheunenstrasse 4-5, a la espalda del Friedrichstatpalast, entre el Tacheles y la antigua facultad Humboldt de filosofía, en el ventrículo izquierdo virtual de Kavafis, una gran K que desbordaba cada esquina de la fachada de la Blauehaus. El cielo de plata, la fachada de crema de líneas prácticas y sin ribetes, discreta hasta límites inconcebibles y perdida entre calles que se reforman para poder sobrevivir al cambio de Berlín. Sólo un detalle: la puerta de entrada, de doble hoja de madera, de un azul eléctrico perfecto. El pelo oscuro y corto de Kavafis, su máscara de hombre que servía para ocultar a una mujer que lloraba por dentro, a la que se le rompía el alma con cada esquina, con cada mechón rubio que pasaba cerca de ella y no podía conseguir. Llegó a la Casa Azul, la Blauehaus, como un lento lamento, deseando poder volver a verla, bajo la llovizna metálica de nubes de plomo. No hacían falta gritos, sólo su figura oscura recortada en la calle, los ojos clavados en la segunda ventana del tercer piso de un edificio anodino que encerraba el paraíso de Kavafis, del que había sido expulsada. Y cada poco, con cada respiración, recitaba en silencio la misma despedida: cierro los ojos y te veo, los abro y no puedo dejar de verte, mátame antes de que lo haga contigo. Kavafis rebelada contra el destino: yo no lo acato, yo lo forjo, igual que mis manos dibujaron tu silueta contra la ventana..." 

miércoles, 13 de agosto de 2008

Berlín (3) - The Exit Gallery


Es fácil recordar la imagen más simbólica de la caída del Muro de Berlín: un montón de gente subida en la parte alta, de cara hacia el lado occidental, ese muro lleno de pintadas y graffitis mientras un tipo aporrea el hormigón sin piedad con un mazo de obrero. Los demás le aplauden y se perciben los flash de las cámaras en plena noche berlinesa. Ahora ya no queda nada del 'Berliner Mauer', si acaso una línea de losetas y placas que discretamente siguen el trazado del muro por calles y plazas que ahora están abiertas y libres. En la Potsdamer Platz un tipo vestido con un uniforme soviético vende recuerdos comunistas mientras llama a los turistas en tres idiomas diferentes, dejándose hacer fotos junto a cuatro pedazos del muro colocados frente a la Potsdamer Bahnhof para que los visitantes se hagan una foto. Queda otra parte, a la que han llamado 'Exit Gallery', y que en realidad son unos dos kilómetros de muro colocados a lo largo del río Spree camino de Treptow, hacia el sureste de la capital. Se llega a él recorriendo la larga Karl Marx alle, una avenida mastodóntica de corte comunista espartano y que ahora flanquean ríos de árboles que ocultan fachadas soviéticas: feas al ojo europeo, pero que tienen su encanto, todo hay que decirlo. Esos dos kilómetros de muro son un recordatorio vivo y una forma de honrar el arte urbano y popular del graffiti, usado entonces como reivindicación pacífica del oeste y que hoy en día son un libro abierto, una galería mejor dicho. A un lado la calle, al otro el Spree, que se hace inmensamente ancho hasta el gran puente de ladrillo rojo y aspecto centroeuropeo que pasa hacia Treptow. Por cierto, otro día hablaremos de cómo los berlineses aprovechan cualquier espacio para plantar un mercadillo de arte o de objetos de segunda mano. En España pondrían un bar..., aquí venden cosas. En serio, esto no es normal...

lunes, 11 de agosto de 2008

Berlín (2) - Potsdamer Platz


Si hay un lugar que ejemplifica como ningún otro la revolución social y urbana de Berlín es la Potsdamer Platz, víctima predilecta de los bombardeos masivos de los aliados en 1945 y que la redujeron a un montón de escombros y de esqueletos de hormigón y hierros retorcidos. Era por definición el lugar más moderno de la ciudad, la primera plaza que tuvo un semáforo en toda Europa y uno de los sitios emblemáticos y preferidos por los berlineses. Luego tuvo la mala suerte de quedar justo en la zona fronteriza del sector americano y el soviético, con lo que se convirtió en un solar abierto y tierra de nadie, desolado agujero emocional y urbanístico que vio cómo la cicatriz del Muro de Berlín la atravesaba sin contemplaciones. Una vez que cayó la pequeña tapia comunista los arquitectos y promotores se lanzaron como tiburones para reconstruir uno de los corazones de la ciudad. 

El resultado es un pedazo de Manhattan en el corazón de Europa, lleno de rascacielos, hoteles, y monumentos, además de un nudo de vías y avenidas que conectan con los otros tesoros de la cudad. En ella o a su alrededor (calle arriba hasta dar con la intersección de la 17 Jun allee y la Unter den Linden) están la Puerta de Brandenburgo, el Reichstag, el Bundesrat (todos pasadas esa intersección), la Filarmónica, la Galería Nacional, el Memorial al Holocausto (más atrás pero en línea recta), el Berlin Casino, el club Adagio, el Grand Hyatt Berlin Hotel,  el edificio de la Deustche Bahn, el Sony Center, la embajada canadiense y muchas terrazas arremolinadas en anchas aceras de seis metros: eso es ahora la Potsdamer Platz, el lugar más moderno de una ciudad que se libera del pasado rodeándolo de acero, cristal y aluminio. Y para botón un ejemplo: mientras comes unos buenos tortellini con verduras en una esquina de la plaza (más posterior capuccino, porque en Berlín los hacen tan buenos como en Italia), a la sombra del DB Building y del Sony Center, observas cómo la policía cierra la plaza al tráfico para que circule una enorme manifestación a favor de la legalización de la marihuana. Y nada de pancartas y tipos con capucha: autobuses y furgonetas, gente en bici y en cada vehículo un dj pinchando para llenar la plaza de música. 

sábado, 9 de agosto de 2008

Berlín (1) - Kunsthaus Tacheles


Ya dijimos que Tacheles (cuyo nombre viene de una palabra hebrea que significa comunicación honesta, más o menos) es algo más que una casa okupa, un centro cultural o demás. No es porque tengamos prejuicios contra nadie, pero si el tan cacareado movimiento okupa en España tuviera el sentido común y la visión que tienen en Alemania, es muy probable que no fueran vistos como marginales. Una cosa es vivir a salto de mata y tachonarlo de ideología cogida con pinzas y otra muy diferente parir en el Mitte berlinés un iceberg gigante de la cultura urbana moderna como es Tacheles, un cruce entre bastión resistente, club, sala de exposiciones, teatro y el mayor caso de horror vacui conocido: no hay centímetro cuadrado del edificio (cinco plantas más un amplísimo patio para música y números circenses) que no esté cubierto de graffitis. Buenos, queremos decir. Tacheles es una gran comuna levantada por el gobierno del lander berlinés y dirigida por el colectivo de artistas urbanos que cada noche exponen sus obras entre cervezas y copas. Corso Expresso se encontró con una estatua de 2.800 euros a la venta. Lo dicho: una cosa es ser okupa y otra idiota. Y los berlineses pueden ser muchas cosas, pero no idiotas, eso seguro.

Scheunenviertel es el distrito en el que se levanta esta mole posmoderna, en el viejo barrio judío que se las tuvo que ver con los nazis y que a pesar de todo sobrevivió y todavía hoy mantiene en pie varias sinagogas. Entre los entresijos y atractivos de Tacheles están las salas de exposiciones de las plantas inferiores, muchas de ellas abiertas a la Oranienburgestrasse (cojan aire, que es en alemán), pero también la entrada (por el patio) a la parte trasera: un gran garito al aire libre a su vez conectado con los que también tienen puertas a la calle, como el Viva Zapata. Igualmente se abre en parte hacia Friedrichstrasse. En resumen, la kunsthaus (más o menos "casa de las artes o de los artistas", es que nuestro alemán es todavía un poco primitivo) más original posible, una de esas perlas luminosas que sólo puede uno encontrarse en los rincones abiertos de Berlín. Y eso a pesar de haber sido centro comercial, sede de oficinas del partido nazi, cárcel transitoria de prisioneros de guerra franceses, diana de la fuerza aérea aliada... Increíble, como toda la ciudad.


Para más información (www.tacheles.de). Tienen traducción al castellano.

viernes, 8 de agosto de 2008

Los Imprescindibles de Corso Expresso - Berlín, mucho más que una ciudad

Mucho más que imprescindible, mucho más que una simple ciudad, Berlín es un estado de ánimo y de conciencia, donde la mente es abierta sí o sí, donde el cosmopolitismo se entiende desde la cultura y no sólo desde la gente. Porque mientras Londres, Barcelona o París presumen de ser universales por tener gentes de todo el mundo, luego son urbes encerradas en su pensamiento propio, demasiado antiguas o apegadas a una cultura local que las encierra. Berlín es nueva, es una ciudad en continua expansión y crecimiento, llena de obras en el centro y los alrededores: está en plena resurrección desde las cenizas a las que la redujeron la Segunda Guerra Mundial y el Muro. Luego la crisis económica la rebajó, y ahora vuelve a batir alas para convertirse en el verdadero corazón de Alemania y de Europa. Por eso es mejor, porque es joven y está en plena definición de sí misma: es, quizás, la Nueva York europea. Lo sentimos, pero en Corso Expresso siempre nos pareció que Londres vivía más del cuento que de otra cosa: es cierto que en la capital alemana no hay tanta población africana, latina o asiática, pero cada ciudadano vive por y para disfrutar de la cultura: no es una pose, es natural.


En su seno, en pleno centro donde otros pondrían ricos y multinacionales, Berlín cuenta con sitios como Tacheles, una casa okupa-centro cultural de cinco plantas y jardines donde las artes se dan la mano bajo el paraguas del gobierno (www.tacheles.de). Berlín es sencillamente perfecta porque es imperfecta, es Berlín. Y como da para mucho, sotlaremos pequeñas perlas de una ciudad que se convierte en el espejo en el que mirarse, tan lejos de la agarrotada Roma, de la decadente y tristona París, de la agresiva y pueblerina Madrid o del marketing frívolo de Londres; incluso, de la falsamente liberal y terriblemente aburguesada Amsterdam. Como dijo Kennedy nada más poner los pies en el lado occidental en los años 60, "Ich bin berliner!". Y como decimos en Corso Expresso: "siempre nos quedará Berlín". En París siempre llueve...