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domingo, 29 de enero de 2012

Dos abuelos salvan el negocio


Ya está en marcha otra vez la verdadera máquina de hacer dinero de la música española. Dos veteranos que han sido noticia por pasar por los hospitales más de lo recomendable, Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina, se enfrascan en su segunda gira conjunta, 'La orquesta del Titanic', después de que la anterior forjara una pequeña fortuna vikinga al asalto de cada ciudad y capital de provincias. Es posible que vuelvan a Salamanca dado la mansalva de dinero que hicieron aquí con sus conciertos.


Pros: son los únicos, junto con Amaral y Fito, que pueden presumir de ser rentables de verdad, de ser músicos de verdad. Nos gusten más o menos, hay que reverenciar la técnica en directo de Fito, la capacidad de Amaral para no perder comba (aunque quizás eran más músicos antes que ahora) y desde luego la veteranía es un grado. Sabina es Sabina, te guste más, menos o nada. Todos hemos coreado alguna canción, y le reconocemos el mérito de ser bardo urbano, aunque ya trabajan más otros por él que él mismo... por cierto. En cuanto a Serrat, pues otro tanto, son dos caras de la misma moneda: antiguos cantautores reconvertidos en poetas musicados. Serrat es a Barcelona y Cataluña lo que Sabina a Madrid y su entorno urbano. Sostienen la industria musical por sí solos, porque a pesar de los años y las polillas, son auténticos en su formato.

Contras: quizás la misma razón para hacerles la ola, que son producto de industria. Tener que seguir colgados de la maquinita registradora de estos dos es casi trágico para la música en España, abotargada entre el mini star system indie que no para de producir divas y banda-divos más que música de verdad (salvo por, quizás, Vetusta Morla y los catalanes de Manel) y los enlatados sonidos latino-flamencos que engrasan horrendos monstruos como David Bisbal y Alejandro Sanz. Entre medias el folk sigue arrinconado (mezclado o no), el flamenco auténtico ya no da más de sí después de que Morente y compañía hayan pasado a mejor vida, y el rock no existe, tal cual. El mejor y más activo de los estilos es una ruina absoluta en un país donde no hay cultura musical más allá de las modas estéticas de revistas de la República de Malasaña.

Conclusión: dos abuelos salvan el negocio, así que el negocio no es boyante.



viernes, 23 de septiembre de 2011

Monstruos mezclados


Vuelven los monstruos sagrados, libres, mezclados, mugiendo como vacas sacras buen estilo hindú de toda la vida. Regresan los que un día dieron algo de fondo y forma a una cosa llamada rock que hoy está en declive, dominada la industria por los sonidos facilones. Cuando más cerca está el final de un modelo de negocio, más radical y extremo es en su purismo, igual que un dictador es más peligroso cuando se ve acosado.

Dejando atrás los paralelismos, hay dos cosas que soliviantan mucho: Lou Reed, el ladrón de cigarrillos ajenos, un superviviente (con secuelas, es obvio) de las garras de Warhol, se ha juntado con Metallica, que también entraron hace no mucho en ese Parnaso de "mitos del rock", que es como si te enterraran en vida pero con mucho estilo haciéndote reverencias. Se han juntado un grupo legendario de rock duro (¿son heavy de verdad...?) con el alma extraña del padre de la Velvet Underground, que no es que sea muy duro en sus canciones, y sí muy experimental (añadiendo su época de brillantina a lo Bowie, que con esa cara de estibador de puerto de Nueva York le sentaba como a un Cristo dos pistolas).

'Lulu', que así se llama el álbum conjunto, sale a la venta el 31 de octubre, seis días después de que los herederos de U2 (en cuanto a tirón popular, queremos decir) hagan lo propio: Coldplay publicará 'Mylot Xilot' después de esa canción-broma llamada 'Every teardrop is a waterfall', que llevaba en las entrañas un sampler de 'I go to Río' de Peter Allen. Van a coincidir, y si alguien quiere regalar, pues nada, tarjeta de iTunes y a descargar, que eso de comprar discos está de funeral. Prometemos volver a hablar de todo esto en el futuro, palabrita del niño Jesús, porque son dos propuestas mucho más interesantes quizás que escuchar el enésimo invento raro de Mick Jagger, Super Heavy Band, que ya hasta el nombre está cascado. Mejor que se agarre cuanto pueda al cerebro nebuloso y blanquecino de Keith Richards, que cuando él no esté... uf.


sábado, 17 de septiembre de 2011

Y descubrimos a Agnes Obel


Suele ser poco frecuente darse de bruces con un sonido que puede reflejar a la perfección una parte del espíritu de alguien. Cuando llega ese instante en el que cada canción es casi perfecta para unos oídos y para otros sólo es un ruido bien acompasado. Acostumbrados como estamos por aquí a ser minoría, y a que lo que nos hace gracia es poco menos que de fuera, del otro lado, o algo sólo para nosotros, redescubrimos la capacidad para enamorarse de un sonido con Agnes Obel, de la que en El Corso ya hay post anterior. Su único disco, 'Philarmonics', es precisamente esa fusión entre la dimensión clásica formal, tanto en instrumentos como en organización vocal, el juego con la voz humana, con el ímpetu de la música que se hace hoy y no en los tiempos de Brahms. No nos atreveríamos a llamarlo pop mezclado con clasicismo, porque el esquema de las canciones no es precisamente el mismo, pero ya que gustan tanto las etiquetas merece la pena ponérsela, porque a muchos poperos les encantará esta mujer del norte que canta en inglés (nada fuera de lo común) pero que está a años luz en cuanto a complejidad profesional y musical de Russian Red, por poner un ejemplo. Sin los mohínes malasañeros ni nada que ver con esa burbuja indie, más bien superándola. Una delicia, para paladares selectos dispuestos a darle a la música una oportunidad y amarla, no tenerla de fondo como si fuera una compañía más contra el silencio.





miércoles, 7 de septiembre de 2011

Cuando vendes tu alma al dictador


Dice el proverbio persa antiguo que hay dos tipos de hombres, los que "viven para sí mismos y los que viven para la eternidad". Cuando se es músico, cubano y castrista, debe ser difícil distinguir entre ambos objetivos: viven para sí mismos porque su éxito y su mimo público del régimen, a costa de su reputación al apoyar una dictadura, les convierte en élite y por lo tanto en privilegiados económicos. Y deben vivir para la eternidad porque su música ayuda al régimen castrista a sobrevivir culturalmente y tener publicidad. Mientras Pablo Milanés abre puertas al cantar en Miami, para el exilio cubano, y así tender puentes (que es lo que deben hacer los artistas, no volarlos) entre dos caras de la misma nación, el más ortodoxo Silvio Rodríguez sigue sin moverse de su sitio y le critica y arremete con dureza.

El resultado son dos músicos muy diferentes, porque mientras Milanés no para de abrazar a España y América, quizás intentado no ser devorado artísticamente por Cuba, Rodríguez no ha parado de ser el buen funcionario, una especia de Molotov castrista pero sin la bastardía recalcitrante que adornaba al mismo tipo capaz de sellar pactos con Hitler y luego denunciarle. Cuando alguien apoya a una dictadura se pudre su moral, acaba convertido en lo que Séneca llamaba "esclavos del alma", ya que vendes tu libertad y tu independencia en pos de una causa que en realidad no atiende ni entiende de humanismos. Cuando una ideología, la que sea, cree estar por encima de los ciudadanos, se convierte en verdugo y no en liberador. Las ínfulas revolucionarias estuvieron bien en su momento, pero a los cinco minutos, con la pretensión de permanencia en el poder, se convirtieron en un hachazo directo a la nuca. Silvio Rodríguez siempre será, por mucho talento que demuestre, un músico del régimen, una boca agradecida, mientras que Milanés, que también lo es, parece buscar otra mano que lo alimente, aunque sea la suya propia, con su arte.

martes, 6 de septiembre de 2011

Los 40 Subnormales


A riesgo de que le hagamos publicidad y de que resulte algo de mal gusto, a los 40 Principales en la Universidad, los que estimaban que la música era algo más que escuchar al presentador que era un eterno adolescente atolondrado y lo que pagaban las discográficas, les llamaban "los 40 Subnormales". En los 80 y parte de los 90, cuando todavía era una radiofórmula para lanzar música de todo tipo, lo cierto es que forjó su imagen y su vinculación con una generación. Luego, simplemente, se volvió progresivamente industrial y el nivel cualitativo cayó en picado, casi en paralelo a cómo la música latina lo devoraba todo y las discográficas aumentaban el nivel de mediocridad de sus producciones.


Ahora llegan a Salamanca, y no diremos ni el día ni la hora ni el lugar porque no merece la pena: pero eso sí, llega como musical, como un repaso a los números 1 de aquella especie de Billboard en las ondas que fue para España durante muchos años. Cogen las canciones para montar ese show en directo del que hablaremos en breve, el musical. Tener un número 1 en los 40 era como coger el éxito entre las manos, y por aquella radio pasaron desde Radio Futura a Los Secretos, Héroes del Silencio, Radiohead, U2... hoy el rock ha desaparecido. Quizás el último servicio que hicieron fue lanzar el primer disco de Dover, aquel 'Devil came to me' que fue el canto del cisne del rock en España, y en inglés. Luego, nada. Una cadena que programa abiertamente reggaeton no merece piedad.

A mucha gente le gusta ese tipo de "ruido", a otros no. Pero hace no mucho un crítico musical dijo que el nivel de la creatividad española había hecho el mismo viaje que los 40 Principales: de ser la salida natural al talento a una prostituta habitual de unas discográficas perdidas y en el lodo desde que la informática les tumbó a machetazos. Si quieren una prueba, simplemente pongan la radio, busquen los 40 y escuchen durante media hora. Luego, si quieren, apáguenla. Es su decisión, que sobre gustos no hay nada escrito... bueno sí, hay mucho escrito, pero la gente no lo lee. Y lo de ir al musical. Pues idem.

martes, 23 de agosto de 2011

Tom Waits y Johnny Cash


Es uno de los tipos más raros de la música, una especie de gurú para solitarios disfuncionales. Durante años las vidas de las personas se cruzan, y las nuestras a veces dan como resultado seguidores de Tom Waits. Gente rara, que dirían los ancianos, gente genial, que dirían los que adoran a estos Llaneros Solitarios que se repiten en forma de Lou Reed, Johnny Cash o en algunos aspectos, el propio John Lennon. No tienen mucho que ver entre sí, pero todos comparten con Waits esa capacidad para caminar por una senda que sólo ellos conocen. Y resulta que va a tener nuevo disco, lo que recuerda que son músicos además de mitos, que influyen mucho en otros y que a fin de cuentas, queridos, la música no deja de ser un negocio. Siete años y pico después vuelve con disco de 16 canciones nuevas: 'Bad as me', "tan malo como yo", toda una declaración de un californiano. Amenaza, además, con una edición de lujo en la que habrá texto: 40 páginas. Entre todos ellos, quizás nos quedamos con Johnny Cash, tan loco como sinceramente roto en cada canción, un atormentado arrastrado que de alguna forma fue capaz de conectar mejor con el espíritu de su país, Estados Unidos, que ningún otro. Quizás mejor que Waits. Un ejemplo de esa fuerza es 'Hurt', de Trent Reznor, que en manos de Cash parecía un réquiem que se escapa entre las cuerdas de la guitarra.





lunes, 8 de agosto de 2011

Go to the Proms!!



Mucha atención a la foto que hay sobre estas líneas. ¿Qué parece?, ¿la cola para ir al FIB?, ¿para comprar entradas para Coldplay?, ¿para entrar a un club? No, nada de eso, es la cola para comprar entradas para los Proms de Londres, la mayor fiesta de la música clásica, la MÚSICA con mayúsculas: compleja, pura matemática emocional, una estructura que tiene mucho de ciencia y otro tanto de arte, nada que ver con el ABA de toda la vida del pop consagrado por los Beatles, entre otros. Facilón. Muy facilón todo.

Este post casi parece una repetición, pero es que la envidia es muy malsana, y nos hace caer en la misma autocompasión de ver cómo en el corazón de Inglaterra, el mismo país que monta Glastonbury cada año, no hay que olvidarlo, y que se pirra por Coldplay, los clubes y los festivales en la costa levantina, también da el Do de pecho por el mayor compendio de clasicismo conocido, a puertas abiertas para el público, popular y deliciosamente inteligente. Las comparaciones son brutalmente dolorosas con la nación que ha dado a Bustamante, Bisbal y Alejandro Sanz al mundo. Tan sólo esperamos que algún día la Humanidad nos perdone.

Quien vaya a los Proms verá que no hay diferencias de raza, religión, color, clase social o gustos, son una gran fiesta. Y esto es algo que no habíamos recalcado en el otro post que se hizo sobre esto: cuando el arte es una gran fiesta, todos entran y saborean, cuando es casi una obligación o una devoción académica, se convierte en un antipático lastre que nadie desea. Todo lo que toca el Estado se convierte en eso: en España convertimos la cultura es una asignatura de examen, en algo que hay que tener apolillado en la biblioteca criando polvo y siglos. La música es una gran fiesta de cada uno, como si fuéramos cajas de música universales; si se toma como una obligación o un deber, no llegaremos ni a la puerta, y la gente, hastiada, se echará en brazos de ese monstruos demoníaco llamado "sonido latino". Dios nos proteja...

lunes, 25 de julio de 2011

Adiós, genial tía loca

Breve como su vida: un post de apenas un párrafo para despedir a una de las responsables de que el soul haya resucitado y se haya incrustado en el pop posmoderno y post todo. Vivió como muchos otros estrellados: Cobain, Hendrix, Janis Joplin (de las más grandes, de las más queridas), el genial Morrison, Brian May y compañía. Dos discos, muchos premios, una estrella fugaz, un cometa, muchas drogas y un proceso meticuloso de autodestrucción para una chica menuda, escuálida y llena de tatuajes que pasaba por querer ser un sex symbol sin serlo, empujada quizás por las discográficas de turno. Era una grandísima cantante con voz profunda. Una pena. Todos perdemos, ella todo, nosotros alguien que no volverá. RIP.

viernes, 15 de julio de 2011

Monstruos

El público está dominado por inventos como el FIB, cada vez más lejos del espíritu de otros como Glastonbury; el mayor festival de España, puede que del sur de Europa y parte del resto de puntos cardinales, es una gran quedada para adictas al bikini con vaqueros y la legión de erasmus borrachos que cada año llegan al país para dejar euros en alcohol y camellos agradecidos. La música sólo es un ingrediente añadido, no el eje. Cuando un festival dura más de dos años, malo: pierde el arte, gana Don Dinero, poderoso caballero. Y los demás les bailan el agua. Woodstock quedará para siempre como el único y verdadero festival. Todos los demás son simulacros donde vende más una marca de cerveza que un grupo. Y si las discográficas se meten por medio, todavía peor. El negocio de la música cambia, debe cambiar, y por si quedaba alguna duda, ahí está la Innombrable para poner ese puntito de lujuria corrupta para recordar que Darío Manrique tiene razón: los músicos son unos monstruos. Será que somos unos románticos, o que vemos algo más allá del simple hedonismo. Qué tristeza ser racional en un país de fenicios sin sentido de la medida.

lunes, 20 de junio de 2011

Diego Manrique, el bisturí


Una de las razones que hacen un punto de referencia a Diego A. Manrique es la capacidad que tiene para ser abuelito cebolleta, mosca cojonera y Pepito Grillo todo a un tiempo. Mucho más en artículos como el que ha dedicado a los herederos de The Doors. En cada párrafo adopta uno de esos roles y va desde el buen consejo y la gratificación a alguien o a algo relacionado con la música a hostias como panes de hogaza leonesa capaces de desencuadernar cualquier impostura. Con la industria de la música, que le ha dado de comer durante mucho tiempo indirectamente (directamente, los medios de comunicación), ha sido siempre especialmente cruel, como una pluma que parece un bisturí de Jack el Destripador. Y bien merecido que lo tiene, por cierto.

Muchos deberían aprender de Manrique, especialmente los reyezuelos que intentan imitarle fuera de Madrid o Barcelona, en las provincias o las ciudades más recónditas. Es un maestro. Sobre todo cuando sacude por la avaricia y codicia de familiares y ejecutivos que pululan alrededor de grupos como The Doors, que fueron santo y seña de la revolución musical de los 60 y 70, en defensa de uno de los últimos miembros vivos, que se niega a mercantilizar la música de Morrison y compañía, capaces de ser el grupo más diferente y sobrecogedor de toda aquella marea de talento que batió a ambos lados del Atlántico, entre California y los suburbios obreros de Londres. Nunca la música fue tan extraña, sugerente y seductora como con el puñetero organillo de The Doors y la voz de Morrison. Que él descanse en paz y los demás sigamos con su música.

lunes, 28 de marzo de 2011

The Wall y el tiempo

Mira que han pasado años, y que el archifamoso rock sinfónico, rock progresivo o directamente pop psicodélico (hay tantas etiquetas que decir una sola es equivocarse, fijo) hace tiempo que está en el subconsciente de nostálgicos a los que le pilló la juventud entre los 70 y los 80, pero Pink Floyd tiene algo raro. Esa rareza que tantas veces le hemos escuchado a muchos críticos de música, y que en realidad es la llave para dos cosas: la inmortalidad, y luego, si se tercia, el agotamiento. Le pasó a Supertramp, le pasó a The Doors, le pasó a los Beach Boys, y le pasó también a Pink Floyd. 

Sencillamente eran tan diferentes, tan raros, tan alternativos a lo que hacían el resto, que directamente eran un estilo en sí mismos y cuando el empuje se agotó, simplemente se convirtieron en un cliché. Eso duele, pero es cierto, ya que ninguno de los grupos que hemos mencionado han tenido continuidad. En todos había un toque de grandilocuencia y de cierto lirismo exacerbado a veces por la personalidad de sus miembros (del extremo Morrison al introvertido Brian Wilson o cierto ego inflado de Waters), pero en general fueron los que abrieron muchas veces el camino. Dicen en EEUU que los Beatles se dieron de bruces contra los Beach Boys gracias a Wilson, quizás uno de esos Mozart de la música popular del siglo XX que tanto han hecho por cambiar el mundo. Jim Morrison era, para nosotros, un poeta metido a músico; de haber vivido un poco más quizás se hubiera acoplado a un proyecto como del de Roger Waters; sólo de pensarlo se ponen los pelos de punta. 

Y eso que nunca le hemos dado muchas oportunidades a Pink Floyd, suenan muy lejanos en el tiempo y a veces se superpone, sobre todo por ‘The Wall’, a esa época de las óperas rock donde cada uno ponía sus granitos de arena. No hay que olvidar que fueron los tiempos de ‘Tommy’ (The Who), pero también de esa guitarra aplastada de The Clash. La segunda época grandiosa de la música británica, capaz de juntar en apenas siete años a Queen, The Clash, Sex Pistols, Joy Division o los todavía niñatos U2. Después del concierto de hace un par de días en Madrid de lo que queda de Pink Floyd, no deja de resultar interesante echar un vistazo atrás y darse cuenta de que a veces ser diferente, que es vital, también puede pagarse con un nicho demasiado profundo. Hoy en día nadie ha hecho justicia a esos grupos tan marginales que explotaron de puro éxito para luego caer en una lánguida decadencia y cierto olvido. Menos mal que ya está todo en mp3 y en ese monstruo apocalíptico llamado internet…

viernes, 11 de febrero de 2011

Lady "Gárgaras"


Bienvenidos al mayor fraude musical en mucho tiempo. No por sus más que posibles “inspiraciones” derivadas de canciones de otras divas del estilo de Madonna, sino que vale más la distorsión y el falso estilo electrónico para parir cualquier gilipollez. Lo sentimos, pero aquí todos coincidimos que Lady Gaga es un producto perfecto de una industria musical que hace gárgaras con sangre (la de otros, claro) para poder seguir adelante. Igual dentro de 20 años resulta que este híbrido de mujer con dibujo manga salido de madre es una buena aportación al pentagrama, pero hoy por hoy no creemos, ni de lejos, que así sea. Su última canción, colgada en su web y en Facebook y que es el adelanto del nuevo disco. ‘Born this way’ se asemeja muchísimo, como ya han dicho muchos, a ‘Express yourself’. Vamos, que la música en EEUU ya va por el mismo derrotero que el cine industrial: remakes, versiones, adaptaciones… nada original, nada revolucionario. Sí es vanguardista su forma de venderse y el paquete en sí, pero no el interior. El caramelo está rancio, por muy bonito que sea el envoltorio. En fin, tampoco es Beethoven y no esperábamos nada mejor. Así que… no lo compren. Háganse un favor, ni lo descarguen, que ya lo oirán machaconamente en las radiofórmulas a sueldo de siempre. Y no ponemos enlaces para no hacerle publicidad, aunque algo, al mencionarla, pero es muy cansina y está en todos lados...

lunes, 31 de enero de 2011

De John Barry al ABC

Ya hemos pedido perdón tantas veces que mejor no hurgar: pero tenemos que volver con un RIP más y un par de recomendaciones. Descanse en paz uno de los hombres que pusieron sonido de fondo al cine de los años 60 y 70, en parte responsable de ese soniquete pop y lounge de decenas de películas de ambas décadas. John Barry, padre también de la sintonía original y de muchas de las BSO de la saga James Bond. Un final que deja huérfanos los oídos. Suyas fueron las BSO de ‘Memorias de África’, ‘Bailando con lobos’ o ‘Cowboy de Medianoche’.

El par de recomendaciones: el Museo de la Ilustración de ABC junto a Argüelles, en Madrid, un repaso a la Historia del semanario ‘Blanco y Negro’ y también al devenir histórico de España en esos cien años y pico de existencia periodística. Desde el novecentismo inicial al Mingote de todas las épocas.

Segunda recomendación: el ‘Diccionario de literatura para esnobs’, un canto al elitismo del conocimiento que en sociedades abotargadas como la nuestra, donde el miedo a destacar por el intelecto es un pecado inasumible por el resto de la manada. Escrita, por supuesto, cómo no en este tipo de temas, por un francés, Fabrice Gaignault

domingo, 16 de enero de 2011

El refugio de la ópera

No deja de ser curioso que sean los cines los que más hacen por evitar que la ópera desaparezca en España. Aumentan las retransimisiones en directo o pregrabadas de los grandes estrenos allí donde sí llenan y tienen un público ferviente (Italia, Francia, Alemania, Gran Bretaña, Rusia), como hacen en Salamanca los cines Van Dyck. Con apenas cuatro auditorios en condiciones en todo el país y no demasiado público, se hace muy complicado sacar adelante el que es el mayor espectáculo escénico imaginable, uno de los pocos capaces de aunar música, arte pictórico, teatro e incluso danza en una sola obra.

Pero en España siempre ha existido este tópico de que la ópera es para ricos, un tic burgués que sólo demuestra que para algunos el arte y el conocimiento están por debajo de sus condicionamientos sociales. La música es universal y no admite fronteras económicas, políticas o ideológicas. Como la ópera era consumida en masa por la burguesía, como un signo de distinción artificial, las partituras y la música pasaron a ser un productor por y para ricos. Ese salto es falso, hipócrita y un error más de una izquierda que se alejó de sus raíces ilustradas para sumirse en la masificación cultural. Quien ata las artes por cuestiones políticas, como hacen PP y PSOE allí donde gobiernan, demuestra su cortedad y su mediocridad. Por eso la empresa privada es tan necesaria, para rellenar el hueco que dejan programadores y técnicos que miran la pela par acontentar gusto peregrinos en lugar de hacer pedagogía y educar. Y para botón de muestra, miren dentro del Liceo...

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Mala Navidad

No va a ser una buena Navidad, sacudida por la pérdida de Morente, que hará resentirse la capacidad de innovación del flamenco, pero en toda España lo que duele es otra cosa: no hay dinero, y los medios ya avisan de que 2011 serán otros doce meses de calvario, de productoras que no pagan, de rodajes suspendidos, de auge de cortometrajes hechos con cuatro euros y mucha voluntad, de fracasos que dejan en la cuneta otros proyectos… de excusas muy malas para aplazar un concierto no vaya a ser que la venta de entradas sea tan mala que sólo funcione en grandes ciudades como Madrid o Barcelona. Decía un productor no hace mucho que para que un concierto de un músico español funcione tiene que haber una proporción de 6 a 1, esto es, seis ciudadanos a los que no les interese nada ese cantante por cada uno que sí. Con semejante horquilla, sólo ciudades por encima de los 450.000 habitantes podrían permitirse algo así. De esta forma Dani Martín podría haber tenido suficientes quinceañeras por delante como para no tener que salir a toda prisa para marzo de 2011, no fuera a ser que no llenara. O medio llenara. Y lo mismo le ha ocurrido ya a muchos otros músicos: ya ni siquiera los conciertos son suficiente para vender. No es ya una cuestión de piratería o no, porque suponemos que no se piratea a la gente para que no vaya a escucharte: es la calidad, ínfima, de la industria y sus productos. Si al pueble le da comida rápida no esperes que te llenen el local si no están muy desesperados. 

PD: Prometemos ser más fieles a partir de ahora, con mas post. Tranquilos, son malos tiempos para la lírica.  

lunes, 13 de diciembre de 2010

Retirada de la música y avance del experimento

Música en retirada: Dani Martín aplaza un concierto (huele a muerto de lejos…), el Smash Festival rebusca entre las minorías intelectuales para coger aire (del compositor Brian Ferneyhough al filósofo Walter Benjamín) en el DA2 (del 16 al 19 de diciembre, 19.00 y 21.00 horas), por lo que les deseamos la mejor de las suertes, y finalmente unos premios 40 Principales que hace unos días fueron el perfecto ejemplo de por qué la música en español vende pero no convence. Y no es lo mismo. Lo peor de todo es que finalmente parece que estamos en plena fase de masificación de la música, mucho más grande que la del siglo XX. Ortega y Gasset lo anunció en los años 20 y 30 y su predicción se cumplió a rajatabla en los 60 y 70. Pero es que ahora vivimos la segunda oleada: ya nadie experimenta, todo está industrializado y la propia industria de la espalda a todo aquello que no sea un beneficio inmediato. Sólo por eso merece la pena estar atento a lugares como MySpace o las redes de música alternativas a las grandes discográficas; cada latigazo de la piratería es un poco merecido, para ellos, pero no para los músicos que quieren sacar su arte y muchas veces tienen que pasar por el ojo de la aguja del dinero (¿verdad, Fito?). Internet lo ha revolucionado todo, pero debería ser mucho más fuerte aún: ¿habrá guillotinas digitales? Bertrand, mucha suerte.


 

miércoles, 8 de diciembre de 2010

30 años sin Lennon

Fue un 8 de diciembre. Cinco disparos de un tarado y adiós a una de las voces más representativas de la música anglosajona, de las que marcaron una etapa en la manida "educación sentimental" de mucha gente, que es como decir en el fondo irracional de mucha gente. Más allá de todo eso, todos perdimos a un gran músico que se había acostumbrado, desde que dejó atrás a los Beatles, a ir unos cinco o diez años por delante del resto. Su deriva política emborronó su música, pero al final siempre superó las barreras para convertirse en un icono. Muchos críticos musicales aseguran que de haber vivido más años se hubiera convertido en una caricatura de sí mismo, como está haciendo ya Bono, pero al mismo tiempo habría dado discos pioneros convertidos luego en objeto de culto musical. Repetimos una vez más: toda voz perdida es irremplazable, porque cada artista es único en su forma de expresarse.

Perdimos todos: su familia a un ser insustituible, sus amigos, a un compañero y una inspiración, sus fans, a un mito, y todos los que aman la música, a una fuente de ideas y placeres. Siempre se imagina qué hubiera hecho alguien que muere joven de haber vivido más, pero eso son juegos mentales que no llevan a ningún lado salvo a la mortificación. Así que lo que nos queda es su música, sus neuras y sus palabras, y la nostalgia de lo perdido, muy al estilo Proust. Sacudan la cabeza y piensen que están vivos, que algo es algo.


viernes, 26 de noviembre de 2010

Fusionando


No importan las mezclas, dicen, sino más bien cómo se hagan. Quien ha preparado un cóctel, ha cocinado o se ha dedicado a la alquimia, sabe perfectamente que tiene que coger una pizca de todo y mezclarlo de tal manera que no chirríe. Diego El Cigala está de gira por España con 'Tango', y a este hombre que, según Miss Amapoles, no terminó de cuajar con el flamenco puro y duro, sí que ha dado en la diana con esas fusiones que son la marca de fábrica de nuestro tiempo. Somos caóticos y confusos, y ante el caos no queda otra que atrapar lo bueno que había y hacer algo nuevo mezclándolo. No creamos nada nuevo, nos limitamos a explotar lo que hay. Eso es propio de una civilización en decadencia, pero es que tampoco en otros puntos pensantes del globo hagan algo nuevo y bueno en música. Los chinos todavía están en la fase ochentera justo cuando abandonan ya su enfermiza obsesión con Julio Iglesias. No, China no es buena para el arte, salvo por lo evidente y que suele rompernos la cabeza en forma de arte contemporáneo y películas. Pero ya ni eso. Sea como fuerte, flamenco, tango y muchas ganas de usar de nuevo el piano y el acordeón se convierten en un disco de referencia. Estará por el interior durante diciembre. Lo mejor, para este día 11 en Salamanca, si es que no tiene que bajar el telón por falta de público, que lo dudamos.


miércoles, 24 de noviembre de 2010

Alice Cooper en Valladolid

¿Invitaríais a este tipo a cenar a casa? Suponemos que el 90% diría que no. El otro 10% le conoce. Es Alice Cooper, que el próximo día 26 estará con ‘Theatre of Dead’, su particular ópera rock, en Valladolid. Es, estableciendo paralelismos, como si Fernando Alonso participara en una carrera de sacos contra niños. No pega ni con cola con Valladolid, pero ahí está la máquina de hacer dinero de Vincent Damon Furnier (1948, podría ser el padre de Chris Martin de Coldplay o el abuelo de abuelo lanzado de Lady Gaga), que cogió el nombre del grupo original que impulsó el glam rock y que arrasó en los años setenta con su hard rock extremo y por momentos de un lirismo operístico brutal. Con la misma perseverancia que muchas de las grandes bandas de los años 60 (con más vida que el resto), Furnier se unió a la misma casta de venerables ancianos de la tribu como Jethro Tull, The Eagles o los Rolling Stones, convertidos todos en tótem nostálgicos en vida, si bien los últimos han intentado seguir adelante con más dignidad. El relevo ya lo han cogido U2 y Bon Jovi, que desde esquinas totalmente diferentes han conseguido convertirse en imágenes de marca. Quizás Alice Cooper tenga algo más de sinceridad porque no llena, porque tiene que venir a Valladolid (¿anulará el concierto por falta de entradas como el Twoday Festival?) y porque el rock en los márgenes del abismo heavy siempre es más sincero. Bueno, quizás más operístico. Más Callas y menos Jagger, queremos decir…


lunes, 15 de noviembre de 2010

Marlango

Érase una vez un grupo de lounge pop con ciertos toques de jazz pegado a la curva perfecta de Leonor Waitling. Podría ser la definición perfecta de Marlango, una de esas cosas raras que tiene la música y que suele tener éxito mientras se es fiel a su estilo minoritario. Es la vieja ley de siempre, la que dice que quien sólo piensa en unos pocos acaba llegando a muchos. 

En el concierto de Salamanca de este miércoles no se llenará el CAEM ni de largo (1.200 butacas), y eso ya lo juran los que saben que esta perdida provincia en medio de la nada musical es más dura que subir el Tourmalet sin EPO en las venas… Las grandes minorías culturales dominan la industria desde hace años: son las que marcan el ritmo y se ha producido una secesión de facto entre los estilos de siempre y esa mezcla “latina” asociada a las ventas millonarias. Los sentimos, pero es que es así: cuanta más gente escucha a Bisbal y demás subproductos manufacturados sin alma, sin sangre y sin músculos, más esqueletos de jazz, rock, blues, indie o lo que sea pululan por ahí. El éxito y fagotización posterior de Pereza, Fito y Andrés Calamaro no son una casualidad. Marlango todavía no llena auditorios, y eso es bueno, porque seguirá siendo lo que es, una rareza que atrae como un panal de rica miel pero a veces empalaga mucho. Siempre colgados de la curva sinuosa de carretera de montaña que es Leonor. Hasta que se case de cantar, claro…

 

Salamanca

CAEM. Av. de las Artes, 45-55. 21:00 h.

17 de Noviembre de 2010

Atarfe (Granada)

Centro Cultural Medina Elvira. 21:00 h.

25 de Noviembre de 2010

Almería

Auditorio Maestro Padilla. 21:00 h.

26 de Noviembre de 2010

Santa Cruz de Tenerife

Auditorio. Av. Constitución, 1. 21:00 h.

27 de Noviembre de 2010