Mostrando entradas con la etiqueta logias charras. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta logias charras. Mostrar todas las entradas

lunes, 3 de agosto de 2009

Logias Salmantinas (2): El Club de la Hamaca

Los funcionarios arrastran desde hace siglos una leyenda negra que no para de crecer: son unos vagos miserables. Es mentira, porque es matemáticamente imposible que el Estado funcione lo justo para ser operativo y que todos sean unos osos perezosos, y como tampoco es posible que dos de ellos lo hagan todo, algo falla. Es simple: el Club de la Hamaca. Está compuesto por algún que otro funcionario, pero también por una auténtica legión de personas que viven de parasitar a otros, y que cuando alcanzan algún tipo de cargo intermedio se convierten en un peligro viviente. No dan ni chapa, mover un dedo es un suplicio, y usan todo tipo de tretas psicológicas para poder vampirizar al resto y cuando vienen mal dadas echarle la culpa a otro, ya sean sus jefes superiores como sus compañeros o subalternos. Son, como diría Frank Miller, “los gusanos vencedores” de la tierra. 

No forman un grupo deliberado, entre otras cosas porque son demasiado golfos y vagos como para organizarse, pero su trabajo individual y soterrado hunde en la arena los logros de la civilización. Tienen una gran inteligencia emocional para camelarse al personal y así librarse del juicio sumarísimo que sufriría cualquier otro en su pellejo: su pereza y escaqueo es tal que cargan de trabajo a todos (incluso a sus jefes, que confían en ellos y a los que cortocircuitan), dan órdenes sobre cosas que podrían hacer ellos mismos y después, si se equivocan, logran torear a sus jefes y a sus subalternos para librarse de la responsabilidad. Nadie sabe cuántos son, pero cuando el pobre infeliz que les sufre se percata de su mala suerte, espera con paciencia verle caer en su particular San Martín, porque como dice el Corán: “Nadie es tan listo como para engañar a Dios durante mucho tiempo”. O puede que sí. En otros países son menos pacientes: en EEUU los convierten en vendedores de seguros o los mandan a alguna guerra para hacer limpia; en Inglaterra van a los reality-shows y así hacen reír a los súbditos de su Graciosa Majestad.  



martes, 23 de junio de 2009

Logias Salmantinas (1): El Club de la Laringe Rota


No falla. Las cafeterías son el espejo en el que se mira la Humanidad. En una de las más cercanas a la Pontificia se reúne, de vez en cuando, el Club de las Laringes Rotas: son todos profesores, viven en torres de marfil invisibles funcionariales, son exigentes y por supuesto, hipócritas. Todos tienen en común, además, uno de esos detalles superficiales que tanto valen para etiquetar: hablan como camioneros con ronquera, con las gargantas en carne viva por su vicio supremo, el tabaco. No hay manera de no escucharles. Se apelotonan alrededor de un café, ponen a parir al gobernante de turno (porque ser de derechas no implica no dar guantazos a todos lados) y se lamentan de la pérdida de los valores familiares. Como también hay algunos de izquierdas (que se caracterizan por tener la voz un poco menos triturada) igualmente se lamenta la pérdida de los valores sociales.
La cuestión es llorar las utopías perdidas: eso sí, el rojo de turno no duda en reclamar hasta el último euro, pasa por delante de un pobre músico callejero y se queja de que le dejen tocar frente a su cafetería preferida, o directamente habla del último portátil que se ha comprado (por supuesto, un Mac de diseño que no baja de los 1.200 euros). En cuanto al conservador, es mucho más telúrico: habla de la familia sin parar, de cómo han arrinconado a la Santa Madre Iglesia y en cuanto pasa una estudiante aligerada de ropa por el calor veraniego es capaz de hacer girar su ancho y orondo cuello como si tuviera 15 años y retar a la niña de 'El Exorcista' en torsión cervical. Luego sonríe cómplice al izquierdista al que odia pero al que necesita para tomar sus cafés. Lamentable. Bienvenidos al Club de las Laringes Rotas.