lunes, 10 de noviembre de 2008

In memoriam - El día que empezó a morir Alemania

"Los pogromos no fueron el primer capítulo del antisemitismo nazi, pero abrieron la puerta a la catástrofe de las catástrofes", ha recordado la jefa del Ejecutivo alemán durante una simbólica visita a la sinagoga berlinesa de la Rykestrasse con ocasión del 70 aniversario de la Noche de los cristales rotos. "Esa noche ardieron las sinagogas, luego ardió toda Alemania, luego toda Europa", ha proseguido la canciller en su recordatorio de los sucesos que supusieron el inicio de la persecución masiva de judíos por toda la Alemania nazi. Con estas frases se despachó ayer una mujer de Estado que, como el resto de políticos con dos dedos de frente en Alemania, saben que el pueblo germano va a tener que pedir perdón durante otra generación más por todo lo ocurrido en su país en los años 30 y 40.
Ese día no sólo murió gente, sino que empezó a agonizar la propia idea de Alemania, basada en el nacionalismo étnico y sanguíneo (y sanguinario) de los postulados que hicieran Herder (el alumno hereje y bastardo de Kant) y Fichte (espoleado por la invasión napoléonica) sobre la esencia alemana. Así que el recordatorio es doble: por los judíos, víctimas inocente de la crisis de Europa, y por la propia Alemania, que perdió la inocencia, el cielo y el camino para mucho, mucho tiempo. Como decía un intelectual judío alemán hace no mucho, "Alemania fue la primera en morir con los nazis, la primera víctima: aquel país de mis abuelos cayó sangrante ante el mal absoluto, perdió su futuro y su imagen de nación respetada para siempre". Así pues, in memoriam.

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