



Se acabó lo que se daba: para lo bueno, y para lo malo, Javier Panera ha dejado de ser director del DA2. Cuando el río suena, agua lleva, y el rumor había ido creciendo lentamente hasta hacerse algo evidente. Ocho años después de que llegara a la vieja cárcel reconvertida en centro de arte contemporáneo, lo que queda a su vera tiene muchas luces, algunos peros de gente más crítica y muchas dudas sobre el futuro del centro. Una broma que anda circulando es que ahora Mañueco ya tiene espacio para su museo taurino, lo cual, de ser cierto y no un mal chiste, sería la esencia misma del paletismo ibérico en grado sumo. No por los astados, sino porque sería poco menos que reírse en la cara de muchas personas que han trabajado durante años para que Salamanca tuviera su centro contemporáneo.
Maestro del hiperrealismo a pesar de que nunca ha querido asumir ni la etiqueta ni el rol. Un tipo algo alérgico a las masas que se recrea en su trabajo una y otra vez, sin cesar, como si fuera un eterno retorno a su obra. Antonio López en formato compacto para el público verá la luz el día 28 en Madrid. Se sorprende la gente con dos cosas de él: primero, el nivel de detalle fotográfico de sus obras, a veces producto de más de 20 años de retoques; segundo, que algunos de sus cuadros alcancen el millón de euros. Merece la pena acercarse allí ahora que el fin del mito de ciudad cultural de esta perdida provincia de las Españas está más cerca que nunca. Merece la pena por su experiencia, por su maestría, porque el arte contemporáneo también es el camino solitario de un artista ajeno a las modas y que encontró una vía de trabajo y no se ha traicionado a sí mismo. Como los Rolling Stones, gustará más o menos, pero no se puede negar su importancia y magisterio artístico simplemente porque no sea otro corifeo más del pop, en la música, y de esa vía de bosque perdido en el caso del arte. Hay mucho beatlemaníaco del arte suelto. No es bueno. A su manera, es un Stone, aunque no lo veamos tomando el té con Keith Richards. 



Este mes volvemos el objetivo sobre aniversarios, guías de lectura y el auge del cómic.
Repasamos la guía de lectura para España del padre de la ciencia-ficción distópica, Philip K. Dick; recordamos los 40 años desde que se estrenara ‘La naranja mecánica’, de Stanley Kubrick, un filme imprescindible; también el siglo largo de Historia de IBM, la gran casa madre de la informática como ciencia e industria. En ciencia repasamos el nacimiento del Museo de la Evolución Humana y su relación con los yacimientos de Atapuerca. Además, el cómic: ‘Dublinés’, de Alfonso Zapico, el primer biopic literario en viñetas y bocadillos que demuestra que es un arte que da para mucho más que para llenar sueños imposibles.
Esto y mucho más, en el número de junio de El Corso. Saludos.

Día 3 de junio. Viernes. Año de gracia de 2011, antaño annus domini 2011, por ser retro hasta el final mismo del concepto. Arranca el... ya ni nos acordamos del número de la edición, así que simplemente diremos que el Festival de las Artes, el Fácyl de marras, de nombre cambiante, tamaño y extensión tan vulnerable y mutante como el agua de un río. Cada vez más corto, cada vez con menos nombres, cada vez más propenso a la extinción. A día de hoy, incluso sería mejor para el Fàcyl que se fuera de una vez a Valladolid y por lo menos sobreviviera bajo el paraguas de un alcalde o de un gobierno más reaccionario, o cuando menos con más dinero. Porque al final, todo se reduce a quién paga la fiesta: el erario público. Siguen sin haber patrocinadores de gran calado en un invento del que hemos hablado largo y tendido en toda la vida de este blog, desde que en 2008 empezáramos a dar candela. Lo que queda es cierta sensación de hastío y de vacío, pero también de ganas de ver algo nuevo. Igual por condensarlo todo en apenas 8 o 9 días sale mejor. Eso esperamos, porque Bieito no estará el año que viene para dominar con su gran calva reluciente, y cuando el río suena, es que lleva agua. O billetes de euro. No lo sabemos. De momento, pasado mañana empieza la fiesta.





Contaba De la Rochelle que en el mundo la gente solía posicionarse a favor o en contra del todo, nunca de las partes. Es decir, el mismo tipo que abroncaba a su hijo por comer muchos dulces luego fumaba a escondidas. La hipocresía es tan natural y tan evidente en cada persona como el aire que respiramos: todos lo hemos sido alguna vez, y cuanto más nos esforzamos en intentar ser coherentes más estúpidamente hipócritas somos. Pocos son los que han conseguido desmontar la realidad, aunque luego también fueran unos hipócritas. Por eso son siempre tan necesarios esos francotiradores que alteran la realidad, que la desguazan para poder verla en sus partes y entender bien por qué suceden las cosas.
Con permiso de Jung y compañía, y de los enemigos acérrimos del psicoanálisis, una recomendación extensible a todos, que ya indicamos en El Corso pero que recogemos por su valor. ‘Tótem y tabú’, por ejemplo, para poder comprender qué es esa superestructura que todos llaman cultura y con la que se llenan la boca. Cultura no es que un grupo de universitarios que se creen que viven en los años 60 hagan un par de performance en la calle para mostrarle al mundo, básicamente cuatro jubilados que pasan por allí, su descontento. Si no fuera tan inocente sería hasta insultante: la cultura es el capirote, la cúpula de un gran templo llamado sociedad, lleno de grietas, puntos de fuga y partes que nos obligan a ser hipócritas. Nadie como Sigmund Freud con libros como éste para demostrarnos que la sacralidad y el respeto a la sociedad y las tradiciones, o a las estructuras de poder, son una pose convenientemente barnizada y enyesada para evitar que se venga abajo.
Freud fue uno más de esa lista negra de mentes-katana que destrozaron a Occidente, empezando por Montaigne, Maquiavelo, Hobbes, Baltasar Gracián, Voltaire y, más tarde, Nietzsche. Hay muchos más, como Man Ray y Le Corbusier, pero ellos son los que más fustigaron esa hipocresía. Quizás por eso le odiaron tanto, porque demostró que somos calcetines usados llenos de agujeros y vueltos del revés, que nuestra civilización es una larga cadena de actos en los que hacemos una cosa y miramos a otro lado, una larga lista de símbolos y de iconos que son las piezas angulares de ese templo, en contraposición siempre a tabúes que muchas veces son condicionamientos para lograr un mayor control y que el caos no se apodere de todo. Y por caos entendemos la libertad total, ese regalo envenenado: cuanto más libre eres, más espacio necesitas para seguir haciendo lo que tu voluntad te indica. Pero la sociedad no es un campo de amapolas, es un edificio con muros. Quizás por eso la libertad es esa cosa necesaria que todos temen. No, no somos libres de verdad.
Así que, por una vez, intentad leed algo que no sea un facilón best-seller que os deje frescos en lugar de haceros pensar, que es lo mejor que podéis hacer. Hay que salir del rebaño y ver en perspectiva a las ovejas de vez en cuando.


En este mes de mayo destacamos la nueva apuesta de la cadena HBO por las series que son puro cine en píldoras para la televisión. ‘Game of Thrones’ está a la altura de ‘Broadwalk Empire’, ‘Roma’ o ‘Hermanos de Sangre’, pero totalmente distinta. Nueva sección, la de Cómic, que inauguramos con el multipremiado Paco Roca. Hablamos también de la nueva modalidad de carrera espacial con naves no tripuladas y cohetes más potentes: se acabaron los transbordadores y vuelven los míticos “rockets”. Arte para los artistas que viven y crean fuera de los bordes, por Darío Tobes; resumen de lo mejor de la programación de música del próximo Festival de las Artes, una escapada a Gijón y muchas más cosas, como la página de opinión con nuevo colaborador, José Ángel Sanz. Disfrutadla.