Fijaos bien en él, en ese porte, en ese discreto bigotito canoso, en las gafas, en el pelo, en la cara ancha de funcionario ex comunista, en el nuevo mandril de Centroeuropa. Una vez más la realidad nos empuja a dejar de lado los típicos post sobre música, literatura y artes que adornan este nuestro blog. Pero es que merece la pena conocer al majadero de Vaclav Klaus, presidente de la República Checa, euroescéptico y uno de los mayores retrasados mentales que hay entre el Ebro y los Urales. No criticamos que haya gente a la que no le guste la Unión Europea, ni el proceso IRREVERSIBLE de unificación económica, política y administrativa del continente. Se puede opinar libremente (y equivocarse, obviamente). Pero el tipejo de la foto es un filibustero de los buenos: 17 senadores checos, acólitos suyos, espoleados por los conservadores británicos (no son tontos, son peligrosos, que no sabe nadie lo que es peor...), han presentado en los tribunales del pequeño país en el corazón de Centroeuropa un recurso contra el Tratado de Lisboa, el vehículo algo quejumbroso pactado para las siguientes fases de la unificación de Europa. Nosotros, como De la Rochelle, sabemos que hemos nacido españoles pero moriremos europeos, de tal forma que los obstáculos y zancadillas que le hacen a esta oleada iniciada en 1949 no tiene más futuro que retrasar un poco lo inevitable. Como dijo Javier Solana, "Europa necesita el tratado y el mundo necesita a Europa". Peligrosos políticos al servicio de intereses tan siniestros como el nacionalismo deberían ser el objetivo número 1 de las reformas democráticas que debe afrontar la UE cuanto antes. El principal escollo para que la gente entienda que este proyecto es lo más importante que ha hecho la Humanidad desde el nacimiento de la democracia en Atenas es precisamente eso, la falta de democracia. Los asuntos se dirimen entre 30 o 40 personas en Bruselas, con un Parlamento Europeo que ni pincha ni corta, que no puede tener iniciativas legislativas y que sólo sirve de caja de resonancia para las diferencias nacionales. Si la gente pudiera elegir al presidente de Europa, entonces otro gallo cantaría. Sólo es cuestión de tiempo, y de buena voluntad. Y de visión a largo plazo.

















La razón es obvia: hay menos dinero, menos exposiciones, más tiempo de muestra para poder rentabilizarlas. Eso, y el recurso a los artistas locales (más baratos, salvo Marty), son las señales de que el sistema ha metido la hebilla un poco más. Y seguirá así hasta que la bonanza vuelva, pero no se hagan ilusiones. Salamanca no da con la llave para universalizar su oferta cultural, en manos públicas en un 90%: por enésima vez, hace falta dinero privado, inversores, expertos en gestión de la industria cultural que se las ingenien para sacar adelante algo más que no sea el manido teatro de calle de poco calado y el prototípico ciclo de teatro o cine. Hacen falta festivales integrales que supongan una salida lúdica, donde la cultura entre por los ojos y consiga, ahora sí, que Salamanca haga suyo ese invento. El Festival de las Artes se ha hundido por esa falta de feeling, pero claro, es que tener química con una población con gustos tan bajos y poco arriesgados... ¿Será verdad eso que dijeron en Radio Salamanca de "bienvenidos a Paletolandia"? Lisa Simpson tenía razón: es una oportunidad única, cuando todo se desmorona.




