martes, 6 de enero de 2009

50 años no son nada


El 2009 va a ser el año del despegue definitivo del cómic. Eso sí, lo hará con la celebración de varios de sus mitos más infantiles y arcanos. Agárrense: Popeye cumple 80 años, Li'l Abner (75), Terry y los piratas (otros 75), Mandrake (75 también). Pero eso no es nada comparado con los tres cuartos de siglo del pato Donald, los 70 de Batman y lo que a nosotros más nos interesa, el medio siglo largo del galo irreductible, Astérix. Porque todos eran rastros americanos entre los que sobresale el bigotudo y físicamente amorfo galo nacido de la mano de Goscinny y Uderzo (muerto éste último, toda la gloria es para el primero - y los millones) que creó escuela en Europa y convirtió el cómic en un producto cultural digno de ser consumido y alabado, más allá de su más antiguo contemporáneo Tintín, que ya es patrimonio universal y no sólo belga o francófono. Lo mejor del invento de los dos dibujantes franceses es que Astérix y Obélix era su sentido del humor: frente a la épica plana de Tintín estaban la socarronería, la acidez y, hasta cierto punto, la subversión de los dos galos, capaces de cachondearse del Imperio romano una y otra vez y dar una visión alternativa de la historia sagrada de Occidente.

No es por echar basura sobre la figura inmaculada (demasiado) del reportero con flequillo imposible, pero Tintín siempre parecía estar sorprendido, como si acabara de olvidarse las llaves en casa. Mucha fantasía, sí, pero pocos abismos sobre los que columpiarse y dejar constancia de que el cómic es algo más que viñetas rellenas de color: es, como diría un colaborador nuestro, "la literatura por otros medios". Todo lo contrario al derroche de mala leche y sátira que tenían los dos galos, especialmente ese aparentemente gordo idiota de Obélix, que es el alter ego de su amigo Astérix, que en una de las historias es definido a la perfección: "...y aquí tenemos a este galo bajito de edad indeterminada y que parece a punto de ponerse a jugar a los dados...". Más francés imposible. Feliz cumpleaños.

1 comentario:

José Ángel Sanz dijo...

Tintín siempre me pareción un soso, por muchas aventuras que corriera. Yo no queria ser como él. Asterix y Obelix eran fuertes, amigables, divertidos y valientes. ¿Quién no querría ser como ellos?

Abrazo (y Feliz Año)