viernes, 29 de octubre de 2010

The Hobbit y dos sustos

Hay noticias que hacen arquear una ceja: “La Fundación Rafael Alberti desaparece tras 17 años por falta de fondos”. Básicamente porque la poesía no carbura en nuestro tiempo, porque Alberti fue importante mientras estuvo vivo, como icono de aquella España de Entreguerras totalmente politizada. Ahora es un nombre más en los libros de literatura con un retrato de iluminado en la sede del PCE. Buen escritor. Y ya. 

Hay noticias que hacen pensar que, efectivamente, como dice el Corán, “siempre puede ser peor”: “Regresa Take That”. Como si su influencia nefasta en la música no hubiera parido ya suficientes bodrios industriales “made in UK” ahora encima vuelven para hacer caja, una moda cada vez más peligrosa y que se extiende a todos los estilos. Lo que murió, bien muerto está. Para todo lo demás queda la nostalgia y el infinito fondo de iTunes. En serio, hay que dejar descansar en paz a los muertos.

Y hay noticias que nos hacen reír, no irónicamente, sino con cierta compasión hacia el género humano: “El Hobbit se rodará en Nueva Zelanda después de que el primer ministro anunciara un acuerdo con la Warner”. Eso sí, pasando por encima de los sindicatos de actores neozelandeses. Hasta el jefe de gobierno de un país pasa por el aro infame del show-business. No importa que seamos fans de la franquicia cinematográfica de la obra de Tolkien: hay cosas que no se hacen. Dijo la Warner, que paga la deuda de la MGM para poder rodar las dos películas del Hobbit que ha planeado Peter Jackson, que o tenían acuerdo laboral o se largaban a Escocia, que es como Nueva Zelanda pero con menos ovejas y más borrachos con falda. Y tuvo John Key, a la sazón dirigente nacional, que bajarse a hablar con los ejecutivos caníbales de la Warner para no perder los millones de dólares que lloverán en forma de inversiones, de puestos de trabajo y de promoción turística de Nueva Zelanda, convertida ya en la Tierra Media por Jackson, neozelandés.

PD: Y en breve, por petición de un fan, hablaremos de por qué Arturo Pérez-Reverte dice lo que dice, es como es y si merece una patada en sálvase a la parte o no…


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