lunes, 22 de marzo de 2010

Hipocresía a la asiática


China y Japón se odian, se desprecian, pero al mismo tiempo tienen la misma forma de concebir las cosas. Quizás los chinos son más conservadores, pero sólo un poquito, lo justo, por ejemplo, para que el gobierno chino tolere gigantescas ferias del sexo a puertas abiertas para toda la gente mientras en Japón ni se les ocurriría. Por el contrario, Japón pone en antena pasadas las 23.00 horas programas cargados de sexo y esa bruma que hay entre el erotismo y la pornografía, tan difusa como puedan dar de sí los pixeles en un vídeo. Pero ambas son naciones hipócritas en grado sumo, lo cual es uno de los peores pecados posibles.

Japón: Casi por los pelos, las poderosas editoriales de manga y sus más respetados creadores (otaku) han logrado frenar en seco un decreto gubernamental para prohibir las escenas de sexo en el manga y el anime. De haber salido adelante la industria del cómic japonesa habría perdido casi el 45% de su negocio, porque Japón es el mayor productor de pornografía en cómic y dibujos animados del mundo, casi todo, por cierto, vendido en Estados Unidos, Australia y Europa, donde la violencia también vende mucho, y el mejor ejemplo es 'Akira', un bombazo en Occidente y que resume lo que es el manga en su modo más auténtico. Japón es el mismo país que todavía no ha pedido perdón oficial por haber esclavizado a cientos de miles de mujeres de todas las razas para aliviar sexualmente a los soldados en la Segunda Guerra Mundial quiere prohibir el erotismo en el cómic. La razón es que China, uno de sus mayores consumidores de este tipo de arte se ha quejado por esa saturación sexual, por lo que Japón ha empezado a sacar la tijera de podar de nuevo.

China: Mientras el gobierno da rienda suelta a las visiones megalómanas de su historia imperial y nos cuela 'Acantilado rojo' (un crítico de cine asegura en la red que es todavía más aburrida de lo que podemos siquiera imaginar), convenientemente manipulada, prohibe 'Ciudad de vida y muerte' y persigue, o restringe las salas, que ganó la Concha de Oro en San Sebastián y que narra las masacres de Nanking en los años 30, con 200.000 muertos y 20.000 mujeres violadas por los japoneses.


Ya ven, se odian, pero se unen en la misma hipocresía. Es la misma ceguera de los musulmanes, que queman banderas, insultan y degüellan civiles inocentes en su guerra santa y luego se rasgan las vestiduras por unas caricaturas. Lo dicho, Europa, un oasis. Por ahora, que anda el catolicismo algo revuelto por el milenarismo y tal...


No hay comentarios: