Hay noticias que hacen arquear una ceja: “La Fundación Rafael Alberti desaparece tras 17 años por falta de fondos”. Básicamente porque la poesía no carbura en nuestro tiempo, porque Alberti fue importante mientras estuvo vivo, como icono de aquella España de Entreguerras totalmente politizada. Ahora es un nombre más en los libros de literatura con un retrato de iluminado en la sede del PCE. Buen escritor. Y ya.

Hay noticias que hacen pensar que, efectivamente, como dice el Corán, “siempre puede ser peor”: “Regresa Take That”. Como si su influencia nefasta en la música no hubiera parido ya suficientes bodrios industriales “made in UK” ahora encima vuelven para hacer caja, una moda cada vez más peligrosa y que se extiende a todos los estilos. Lo que murió, bien muerto está. Para todo lo demás queda la nostalgia y el infinito fondo de iTunes. En serio, hay que dejar descansar en paz a los muertos.
Y hay noticias que nos hacen reír, no irónicamente, sino con cierta compasión hacia el género humano: “El Hobbit se rodará en Nueva Zelanda después de que el primer ministro anunciara un acuerdo con la Warner”. Eso sí, pasando por encima de los sindicatos de actores neozelandeses. Hasta el jefe de gobierno de un país pasa por el aro infame del show-business. No importa que seamos fans de la franquicia cinematográfica de la obra de Tolkien: hay cosas que no se hacen. Dijo la Warner, que paga la deuda de la MGM para poder rodar las dos películas del Hobbit que ha planeado Peter Jackson, que o tenían acuerdo laboral o se largaban a Escocia, que es como Nueva Zelanda pero con menos ovejas y más borrachos con falda. Y tuvo John Key, a la sazón dirigente nacional, que bajarse a hablar con los ejecutivos caníbales de la Warner para no perder los millones de dólares que lloverán en forma de inversiones, de puestos de trabajo y de promoción turística de Nueva Zelanda, convertida ya en la Tierra Media por Jackson, neozelandés.
PD: Y en breve, por petición de un fan, hablaremos de por qué Arturo Pérez-Reverte dice lo que dice, es como es y si merece una patada en sálvase a la parte o no…














Pero, porque siempre hay un pero, es también la consagración de la proporción del 50 por ciento: la mitad de los visitantes jamás han pisado o pisarán de nuevo el museo. O un museo. La fauna humana es digna de bestiario: modelos, aspirantes a modelos, maduritas que lo fueron o con hijas que lo parecen, pijería generalizado, grupos de gays de afectación exagerada examinando cada rasgo, algún que otro fotógrafo que tomaba notas o copiaba mentalmente figuras y estética... y mucha gente atraída simplemente por el reclamo del desnudo, un arte en manos de Testino. And nothing more... porque los interesados realmente en el arte son una minoría poderosa, pero no esa masa popular que entró en las plantas inferiores del Thyssen con el mismo ánimo que quien va a pedir una Big King en el Burger de la esquina. A gritos. No es que haya que entrar como en el templo, pero un poco de orden cívico no estaría mal. Pero claro, es el 50%... Y sí, el elitismo existe y no siempre es tan malo. Si se les forjara el gusto, estupendo, entonces Testino podría ser un buen principio.
