La gente no va a ver cine español. Tal cual. Las galas sirven para hacer de imán, pero si vuelven a ser tan lentas, largas y algo atolondradas como la de anoche, mejor que las hagan de dos tandas. Eso sería una buena idea: más corta, en sábado y domingo noche, y con más aspecto de programa de televisión. Ganaría mucho.

Una película sobre la Guerra Civil (¿y ya van…?) se llevó el gato al agua. Y encima, en catalán. Los salvapatrias estarán que se suben por las paredes, aunque en el fondo se alegrarán de los cuatro momentos de los Goya 2011:
1. Andreu Buenafuente, resucitado pero no para mejor. Lo que empezó muy bien terminó por languidecer. Como 2010 no habrá otra gala en años, sospechamos. Para el año que viene, si repite (dudoso, ya sin Álex de la Iglesia), deberían dejarle dar algún premio y así nos reímos todos más, porque salvo Maribel Verdú y Luis Tosar, ninguno más parecía anoche tener sentido del ritmo.

2. El discurso de Álex de la Iglesia y las caras de la ministra y de la enredadera Icíar Bollaín: certero, justo, con sentido común, pasándole la factura a la Sinde y al resto del corifeo sentimental-cinematográfico que no deja avanzar al séptimo arte. No se cortó, pero no hizo sangre, fue elegante y diciendo verdades como puños. Nos descubrimos, maestro. Ahora te darán palos, como anoche, 15 nominaciones y sólo una pizca de méritos reconocidos, pero con calma.
3. El fracaso de Rodrigo Cortés, que iba lanzado con el apoyo de la Warner Bros y terminó casi a regañadientes. Dos Goyas, y sólo uno secundario para él. O aprende a ser menos tímido y sobrado o tendrá problemas en el futuro. Talento tiene, ahora le vendría bien un poquito de mano izquierda.
4. Lentitud: en todo. Discursos muy largos sin venir a cuento. Lo mejor, el número musical que arrancó con Luis Tosar. El diálogo con Maribel Verdú estuvo bien, pero entre el capullo de la barretina y los servilismos de la Academia se quedó todo muy acartonado. El espectador quería divertirse y terminó bostezando. Vamos bien, pero hay que levantar la moral: recemos para 2011.
Un consejo: que lo hagan Buenafuente y Corbacho juntos, como poli bueno y poli malo.












Pero en España siempre ha existido este tópico de que la ópera es para ricos, un tic burgués que sólo demuestra que para algunos el arte y el conocimiento están por debajo de sus condicionamientos sociales. La música es universal y no admite fronteras económicas, políticas o ideológicas. Como la ópera era consumida en masa por la burguesía, como un signo de distinción artificial, las partituras y la música pasaron a ser un productor por y para ricos. Ese salto es falso, hipócrita y un error más de una izquierda que se alejó de sus raíces ilustradas para sumirse en la masificación cultural. Quien ata las artes por cuestiones políticas, como hacen PP y PSOE allí donde gobiernan, demuestra su cortedad y su mediocridad. Por eso la empresa privada es tan necesaria, para rellenar el hueco que dejan programadores y técnicos que miran la pela par acontentar gusto peregrinos en lugar de hacer pedagogía y educar. Y para botón de muestra, miren dentro del Liceo... 






