
Se acabó lo que se daba: para lo bueno, y para lo malo, Javier Panera ha dejado de ser director del DA2. Cuando el río suena, agua lleva, y el rumor había ido creciendo lentamente hasta hacerse algo evidente.
Ocho años después de que llegara a la vieja cárcel reconvertida en centro de arte contemporáneo, lo que queda a su vera tiene muchas luces, algunos peros de gente más crítica y muchas dudas sobre el futuro del centro. Una broma que anda circulando es que ahora Mañueco ya tiene espacio para su museo taurino, lo cual, de ser cierto y no un mal chiste, sería la esencia misma del paletismo ibérico en grado sumo. No por los astados, sino porque sería poco menos que reírse en la cara de muchas personas que han trabajado durante años para que Salamanca tuviera su centro contemporáneo.
No vamos a entrar en la calidad de las exposiciones que han ido marcando la historia del DA2, a veces, dicen, demasiado comerciales. El gusto es libre, incluso para equivocarse, pero también hay que respetar que algunos embistieran contra él y contra su línea expositiva. Pero, en una sociedad libre, la opinión es lo que es. En esta ciudad nunca ha habido público para lo contemporáneo, porque la forja del gusto es, como decía Adora Calvo, un producto de muchos años de educación.
No hay tradición en este lado de la Meseta de espectador de arte, y sin embargo Panera se ha empeñado en que la hubiera. Los talleres infantiles fueron una buena idea, y quizás de haber tenido mucho más presupuesto podría haber convertido el DA2 en algo más que un centro de arte, sino en una escuela del público, donde poder formar ese gusto crítico en los niños, contagiarlo a sus padres y de paso hacer que el adjetivo de "ciudad de cultura" fuera algo más que una chulería de un señor con bigote, al cual, por cierto, le están derribando todos los obeliscos que ha levantado en estos años. A nosotros, devotos de la fotografía teatralizada, siempre nos gustó esa tendencia hacia la imagen, porque es más fácil de dominar y nuestra ignorancia todavía es más grande de lo deseable.
Si tiene una gran virtud el exdirector Panera es que cada vez que abría la boca era para que los demás aprendieran, algo que le han reconocido todos, desde sus alumnos a los periodistas, los visitantes y más de un político para el que los vocablos "arte" y "contemporáneo" suenan igual que "fenomenología del espíritu". Para más de uno y más de dos. Una demostración de los muchos temores que tenemos de cara al futuro fue la sumaria estupidez del PSOE en plan madraza cuando acusó de distribuir folletos con pornografía en los colegios. Precisamente la progresía se comportó como nunca lo hiciera la derecha, arrastrando consigo a familias católicas que no necesitan más que una chispa para incendiarse como un tanque de queroseno. Así que Panera, sin presupuesto, incomprendido por el gran público, con el centro algo desplazado del centro, con algún político con ganas de tocar las narices y ante lo inevitable de depender del dinero público, ha terminado su camino en la vieja cárcel. Ahora será libre para seguir dando ideas y enseñando. Una pena, no por quien venga, que ya veremos, sino por haber aprendido con cada conversación, por haber disfrutado del DA2, y por haber pensado que siempre se podía haber hecho mucho más de haber tenido, como siempre, más tiempo y más dinero. Ahora ya no lo sabremos. Pero algunos aprendimos a disfrutar de su trabajo. Sinceramente.