lunes, 28 de junio de 2010

¿Qué tiene Escandinavia con la música y los libros?

¿Qué puñetas tendrá Escandinavia para que no paren de salir músicos y escritores a punta pala? Hay una razón aparente: la soledad, esos inviernos crudos como una tragedia shakespeariana que sólo deja tiempo para leer o crear, una religión que les conduce irremediablemente hacia el esfuerzo personal, un sistema educativo superior donde se cultiva el fondo más que la forma magistral. Y sobre todo, un alma que es como las aguas del Mar del Norte, turbulentas. Ya hemos hablado mucho de las letras nórdicas, pero no tanto de la música. Tomamos prestado de ‘El País’ unas palabras sobre Olöf Arnalds, autora de la ininteligible ‘Innnundir Skinni’. Una islandesa llegada desde la patria del volcán que odia los aviones y del paraíso que hizo crack en las finanzas. Siguiendo la estela vaporosa y mística de Björk o Sigur Ros, el periódico define su música como “crepitantes arpegios de guitarra, que acompañan a unas canciones honestas y sin artificios”. Folk que se resiste a serlo, más o menos. Pero la duda sigue en pie: ¿qué hay en esa parte de Europa para que parezca la Toscana del 1400? ¿O quizás es muy buen marketing al estilo Ikea y nos hemos tragado el anzuelo? Por cierto, el disco se publica en septiembre en España. 


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