














Número de diciembre de la revista El Corso: Este mes volvemos a poner la diana en esos géneros de fans pero que tienen más éxito que los grandes temas oficiales.
En este caso en la literatura fantástica, de grandes ventas pero arrinconada en el público juvenil o maduro pero especializado. Emparentada con la ciencia-ficción y el terror, la Navidad es un buen momento para prestarle atención y variar algo en la lista de lectura. En cine repasamos al polémico pero lúcido Roman Polanski, que volvió a estrenar película con ‘Un dios salvaje’, en el campo del arte nos fijamos en un estilo único que crece en el mundo anglosajón pero que en España todavía no tiene apenas mención: el Steampunk. En Tecnología abordamos el inmenso mundo virtual de World of Warcraft; en cómic prestamos atención al llamado cómic social español, donde la crisis ya tiene reflejo y a los nuevos valores de corte intimista y en música repasamos tres discos de los últimos meses, de Lou Reed y Metallica a Coldplay y Gorillaz.
Otros temas: el informe de la ONU sobre la contaminación de CO2, los textos y dibujos de Blanca Haddad y un viaje a Ciudad Rodrigo, la frontera perdida del oeste.







El cine español es como el pabellón de esquizofrénicos de un hospital: no existe el concepto calma. Con el más que probable nuevo gobierno del PP volvemos de nuevo con el tema de la financiación y de la ley de las televisiones, su polémica relación con el cine y un montón de cosas más. El 5% que debían por ley destinar las cadenas a la producción de cine español está ahora en el alero, con lo que respiran las TV mientras las productoras de cine hiperventilan en medio de un ataque de pánico. 



Es impactante pensar que, más allá de su calidad o buen tino argumental, la primera película sobre robótica que se ha hecho en España sea de este año. ¡De este año! Han tenido que pasar más de 60 años para que alguien en la piel de toro, obsesionada con sus guerras, sus cuitas emocionales y ese cine falsamente costumbrista que tanto daño le han hecho a la cultura del país. En España los géneros se los pasan por el arco del triunfo: en literatura, en música, en el cine, en casi todo. Sólo el mundo de las letras parece haber espabilado algo más, pero aquí siguen siendo un puñado de valientes los que hacen ciencia-ficción. La desprecia. Y mientras tanto, en la televisión y el cine los americanos, japoneses, coreanos, británicos, alemanes, incluso los franceses, nos inundan con productos. Isaac Asimov (en la foto), Philip K. Dick, Ray Bradbury o Clarke son sólo la punta del iceberg.
Hay un canal sólo de ciencia-ficción en las plataformas digitales españolas (y con bastante éxito, por cierto), y un rápido sondeo entre el público para saber cuáles son sus películas preferidas suele dar como resultado más de dos o tres títulos de ese género. En la lista de las diez mejores películas aparecen títulos como ‘Blade Runner’, ‘Star Wars’, ‘2001: Odisea del espacio’… a la gente le gusta, y devora un género que es fundacional del siglo XX y que ha dado grandísimos escritores. No es una manía persecutoria nuestra: en España se desprecia todo lo que no sea académicamente bohemio, que se ajuste al decálogo de perfiles, personajes y estilos literarios, surgidos por las zancadillas de la Historia. Es así desde hace siglos, y lo seguirá siendo. Hasta que no apareció Arturo Pérez-Reverte el folletín o la novela de aventuras era un residuo para idiotas, con la levísima excepción de los Episodios Nacionales de Galdós. Ese desprecio congénito es lo que ha evitado que las letras españolas sean más universales, que se desplieguen en muchas más direcciones. Y el sci-fi del que hablan los americanos es todavía un bebé en pañales.

Hay que aplaudir el valor de Kike Maíllo con su película, ‘Eva’, pero las críticas ya empiezan a meter el dedo en el ojo de este pionero, justo el mismo año en el que Eduardo Chapero Jackson se estrena con una de las primeras obras ciberpunk también del cine español, ‘Verbo’. Aplaudimos, porque se lo merecen, y es un recordatorio de que la guía de la cultura en España lleva demasiadas generaciones en manos de pueblerinos que viven subidos sobre el botijo y la boina, creyéndose que su tierra es el mejor reflejo de lo que literaria y cinematográficamente pueden darle al mundo. Mentes pequeñas, obras pequeñas.


Nanni Moretti toca el tema del Papado, pero apenas le hace un rasguño. Medias tintas para una película muy peculiar, la del miedo: el del nuevo pontífice. El veterano y ácido director italiano, cuyo guión firma junto con Francesco Piccolo y Federica Pontremoli, aborda el lado más humano del nuevo primer vicario de Cristo, con todo el peso de la responsabilidad que eso conlleva. Actores: Michel Piccoli, Nanni Moretti, que interpreta al psicoanalista que debe ayudar al nuevo Papa.
SINOPSIS: En “Habemus Papam”, el recién elegido pontífice sufre un ataque de pánico justo antes de aparecer en el balcón de San Pedro en el Vaticano para saludar a los fieles, que han esperado pacientemente la decisión del cónclave. Sus consejeros, incapaces de convencerle de que es el hombre adecuado para el trabajo, buscan la ayuda de un reconocido psicoanalista (y ateo). Sin embargo, el miedo a la responsabilidad que ha recaído sobre él es algo a lo que debe enfrentarse solo.