
Salamanca anda algo escasa de potencial cultural, por ahora, así que mientras pensemos en uno de nuestros héroes. Francis Ford Coppola, uno de los Cinco Dioses del Cine (ya hablaremos un día de los otros tres y por qué), acaba de presentar ‘Tetro’, una pequeña joya en blanco y negro con Maribel Verdú en el reparto. Eso no es importante, lo que sí interesa es saber que la crítica se ha cebado con este italoamericano de pro. Nada nuevo tampoco, de hecho, entra en lo esperado. Coppola, interrogado por la prensa española por el revés, sonrió, se encogió de hombros y soltó la perla del mes: “Eso no es importante, de hecho, mi gran carrera está llena de fracasos que a los cinco años se convirtieron en mitos de culto en el cine. Vivo de mis fracasos más que de mis éxitos, curioso, ¿no es cierto?”. Toma ya. Hacemos mil genuflexiones ante este hombre que se estrelló en su día con ‘Apocalypse Now’, considerada hoy como una de las diez obras audiovisuales más importantes de la historia; en la misma lista en la que está ‘El Padrino’ (él mismo dijo que se le recordará por esta obra por encima de lo demás, pero no parece importarle...), que también tuvo una más que floja entrada para luego crecer desmedidamente. “El tiempo convierte mis errores en cine de culto” añadió en la entrevista mientras, probablemente, se partía de risa pensando en sus viñedos, en su vida mediterránea en los valles verdes de California. Aprendan de él, que merece la pena.

Pero en España no se fomenta el esfuerzo, el trabajo: se repite una y otra vez que el trabajo es el castigo de Dios contra Adán y Eva por desobedecerle. Miles de años de adoctrinamiento religioso han derivado en esta santa tierra en clichés psicológicos imposibles de borrar, al menos no en una o dos generaciones y sólo si se empieza desde ya. Pero eso no será posible porque incluso el sistema educativo baila y oscila una y otra vez en función del tarugo gobernante de turno; además, no se ha hecho una labor de explicación al pueblo de cómo es el sistema educativo. Ya puede funcionar la mejor pedagogía del mundo, pero si la gente no la conoce la verá como algo extraño y la rechazará. Así de simple: comunicar es esencial, y la amalgama de siglas termina en un marasmo que confunde a los padres, que al final dejan a sus retoños en soledad frente al televisor, la niñera perfecta que encima les ofrece productos infames como ‘Aída’, donde lo que se premia es la risa fácil y la sociopatía parasitaria. Ejemplo: en Gran Bretaña uno de los programas más vistos en TV es un culebrón sobre la periferia, pero sólo unas décimas por encima de un programa sobre arte moderno. Pues eso. 















