sábado, 11 de abril de 2009

Aviso: no tomar valerianas después de un café

Con los ojos enervados por la falta de sueño, después de dos valerianas para poder dormir, con la cabeza metida en un frasco al estilo Futurama, en el mismo estado hipnótico de Tarantino cuando escribe un guión (ay madre…), LC escribió a toda prisa esto: 

“El viejo Tiresias tuvo un sueño sobre nuestro tiempo, regado del poderoso riff de Jimmy Page con Led Zeppelin, los años del renacer de los dioses; mientras las cuerdas metálicas vibraban y se desgarraban vio el extenso desierto pedregoso en el estado de la aridez suprema, con las montañas rojas en el horizonte recortadas al capricho de Eolos, el calor del infierno en la tierra le envolvía y soplaba en su rostro. Una gran nube parda se movía hacia él con libertad, como volutas de humo de las calderas del otro lado del Estigio y una figura andrajosa y esquelética que caminaba entre carnes desgarradas, superviviente del final del mundo, de la caída de los dioses del Olimpo a la tierra por los empujones de aquellos ángeles falsos y fariseos que se abalanzaron sobre las verdes praderas y los templos blancos. Era Hades, que salía de su escondrijo al encuentro de sus dos hermanos supervivientes, que le esperaban a la espalda de Tiresias. Los dioses no muertos habían surgido de nuevo con fuerza, llegaba la hora de reunirse y el nuevo Tiresias lo veía entre las brumas del vapor que emanaba de cada piedra y grano de arena; vio las cuencas huesudas de Hades, su falange descarnada señalándole y la sombra de Jimmy Page a su lado desgarrándole el oído con el arte final”.

PD: Consejo, no lean mientras escuchan a Led Zeppelin. Ni tomen cafés a las doce y media de la noche, que parecemos nuevos…


viernes, 10 de abril de 2009

El gran Quevedo budista - Antonio Colinas

Parece, de lejos, una especie de Quevedo budista, sereno, tranquilo, reservado y opaco en muchos aspectos. El bigote, la calvicie y la antigua larga melena que junto con esa media sonrisa tímida le confiere ese aspecto de quevediano total y fuera de contexto en el espacio y el tiempo. Pero que nadie espere que Antonio Colinas saque un florete y se dedique a batirse en duelo con el primer rompehuevos que se le cruce en el tabernarium, como hacía el auténtico Quevedo (igual buen espadachín que escritor); es el hombre más pacífico del mundo, una especie en extinción, un sabio que coge tal distancia del mundo para poder verlo que se eleva y parece más allá de cualquier problema o cuita de la realidad. Es un nirvana con piernas, capaz de saltar del ensayo a la poesía con la misma facilidad con la que acumula libros y títulos en su haber. 

Trabajador incansable, no para, y prepara ya antologías y nuevos ensayos que algunos esperan como agua de mayo. Reconocemos que apenas hemos leído su poesía, porque algunos no han nacido para entender el verso, la rítmica, es esa asignatura pendiente literaria que no desembocará en nada. Sabemos que la lírica se mete entre los párrafos de prosa, que el lenguaje total actual es una fusión de todo tipo de extremos formales: prosa poética, explicaciones dignas de ensayo, diálogos teatralizados, todo en formato de novela corta o larga. Eso es la literatura, y no como el bueno de Colinas, un vestigio único y deseable de una forma diferente de entender las letras que puede que se extinga con él. Colinas todavía no se ha contaminado con internet o la comunicación horizontal de la posmodernidad; quizás por eso para mucha gente sea tan interesante, y puede que candidato a todos los premios grandes imaginables. Somos pequeños electrones minúsculos y absurdos a su lado, aprendices de brujo que juegan con fuegos que no son nuestros. Tan sólo eso. 


jueves, 9 de abril de 2009

Otro guillotinado - Ciao, "Fede"

Dijo el profeta: “No te quejes ni llores tu desgracia, recuerda que siempre puede ser peor”. Más o menos eso es lo que debe estar pensando Federico Jiménez Losantos (y muchos ex ministros), más conocido como “Federrico” desde que a Gomaespuma se le ocurrió la gracia, cuando se enfadaban, de decir eso de “No me hinches que me pongo Federrico”. Realmente la crisis ya es de dimensiones universales: se han cargado a este hombre (mandándolo, dicen, a la noche) que era el rey mañanero del grito ibérico, de esa particular forma de entender el periodismo desde los bajos fondos del alma y las tripas. Y le echaré de menos. Donde otros ponían neuronas y mesura él ponía sangre, sudor y lágrimas. Había algo en él que me fascinaba, cierto toque a último mohicano que hizo que le tuviera cierta simpatía (aunque siga siendo un peligro para la democracia). Llevó al límite la libertad de expresión, la vulneró y pagó por ello perdiendo un juicio tras otro. 

Su gran logro ha sido crear el mito del Vocero Ultra, un elemento creador de opinión siempre extrema, sin moderación y que rompe la estabilidad democrática para difundir un mensaje: en breve habrá otro Federico, pero en rojo, es cuestión, ay, de tiempo. Conozco mucha gente que le ponía al despertarse para partirse la caja de risa. “Es el mejor humorista de España” dijo una vez Buenafuente, el pesadito rey de la retranca con recortada. ¿Habrán sido los obispos, temerosos de que su imagen negativa les perjudicara socialmente?, ¿habrá sido Rajoy, harto de que insinuara cierto tabú sobre su vida privada?, ¿Gallardón quizás? De todas formas, ahora se va con el otro peso pesado (metafórica y literalmente vistas las fotos y su capacidad para publicar libros que no dicen nada – sí, los hemos leído) de César Vidal, otro que un día se encontró una vena entre la mansedumbre de sus carnes y desde entonces no deja de hacer sangrías a diestro y siniestro. Adiós Federico, te echaremos de menos, tus acólitos salmantinos ya lloran tu marcha más que factible de la vieja radio católica. Si es que no somos nadie… Tiempo de guillotinas este, oiga.


miércoles, 8 de abril de 2009

Otro petardazo más

Haría falta unir una carcajada a la otra en un bucle infinito sin principio ni fin para poder resumir el hecho de que Ángeles González Sinde sea ministra de Cultura. Es, por poner un ejemplo, si a Guardiola le pusieran a dar clase de biomecánica sólo porque hace gimnasia a diario y sabe algo de músculos. Ahora, por fin, queda bien clarito que al PSOE literalmente se la trae al pairo ese ministerio, la Cultura y que todo movimiento es siempre por un fin oculto: explotar mediáticamente la cultura en beneficio propio. Porque si Carmen Calvo era un guiñol en sí misma e intentó que el glamour se convirtiera en marca de su ministerio (maldita sea, Carmen, que eras una funcionaria, leches…), y César Antonio Molina era un sargentucho ególatra con tendencia al despotismo y el látigo de siete colas (lo sabemos porque lo sufrimos en carne propia), González Sinde, entre otras lindezas, es una de las criminales que se esconden detrás de la infamia ‘Mentiras y gordas’, probablemente la peor película española en lustros. Su mérito es ser más roja que el capuchón de un rotulador bermellón, ser una de las puntas de lanza del gremio del cine español en su versión más combativa (que incluye esa cara de “Dios-cómo-sufro-por-todos-vosotros”) y lucir una seriedad nacida de su incapacidad para las relaciones públicas. Y esto último también lo sabemos porque en cierto momento también la sufrimos. Para esto mejor que hagan como el Ejército Rojo en Stalingrado: tú un fusil, tú las balas del de antes, tú un fusil, tú las balas… 

ZP es, repetimos de nuevo, el mayor cabrito que haya pasado por La Moncloa: es malo, malo, pero malo malo. Con esas cejas mefistofélicas, esa voz anodina y sin vida (igual es un súcubo, o un alienígena disfrazado), esa sonrisa de malo de película de la Metro Goldwyn Meyer de los años 40, y esas manos que usa como si fueran palas o guillotinas. Terrible, terrible. Estamos consternados. En serio, ¿qué narices sabe de cómo gestionar el Museo del Prado una guionista de cine, o de cómo organizar las exposiciones internacionales que son la cara amable de España en el extranjero…? Eso sí, los Goya van a ser ya una rechifla, y venga más dinero malgastado en el cine..., alargando el síndrome de dependencia económica que lo ha matado. 

martes, 7 de abril de 2009

Y el pérfido glóbulo blanco se comió el Gran Café Teatro...

Dos apuntes sobre por qué el Ayuntamiento de Salamanca es en realidad el glóbulo blanco más grande del universo (jo, qué imagen mental tú…). Primero: al contrario de lo que opinó en su día Gore Vidal, las comunidades pequeñas no son más democráticas, sino que son más sensibles a caer en manos de reyezuelos y caciques que los grandes estados y naciones. Es más fácil mentir a mil que a un millón, aunque parezca lo contrario. Segundo: el Gran Café Teatro de La Vega, el último rincón de iniciativa cultural privada que quedaba en Salamanca, se ha ido directamente a las fauces del consistorio, que harto de ser puesto a caer de un burro por sistema ha terminado por “comprar” el formato de café-teatro-cabaret que tanto éxito tenía. ¿Cómo? Sencillo: valiéndose de un informe de los bomberos sobre la falta de seguridad estructural del edificio donde se ha hecho durante 20 años, han ofrecido un espacio municipal a cambio de… (música de fanfarrias), sí, exacto, “seleccionar” y quitar de la lista a determinadas personas con tendencia a despelotar al Emperador. La subversión, como dijimos el domingo (qué post tan bonito nos quedó…), ha muerto. A partir de ahora ya no quedará nada. Ellos dicen que no, que seguirán con la barra de bar, los cafés, las copas, las cervezas y las sátiras contra Lanzarote y Pablos (PP-PSOE, o las dos caras de la misma moneda oxidada), pero la realidad es que los elementos más peligrosos ya han dicho que no van, porque no se puede sentarse uno al lado del César y reírse de él. Como un glóbulo blanco patrullando la sangre, en cuanto aparece un virus o un cuerpo extraño el leucocito de marras lo huele, lo persigue y se lo come fagocitándolo. Es más sencillo eso que no prohibirlo. Bienvenidos pues a la mano izquierda del poder. El Huracán Fontaine está que trina. Por lo menos alguien de los medios dirá algo (a nosotros nos leen poco, ¡debería daros vergüenza!), mientras el resto de plumillas de medio pelo y telarañas en la cabeza rajan a gusto a la espalda y luego mojan los pantalones cuando los tienen delante (recadito gratuito, nenes…).


lunes, 6 de abril de 2009

La Semana Santa (Esos chicos de la capucha...)

“Hay que creer en algo, en la religión, en la política. O en un par de tetas, pero hay que creer en algo”. La frase es de la película ‘Nadie conoce a nadie’, de Mateo Gil, un extraño thriller que el gremio del cine nacional no suele hacer (¿no saben, no quieren o les da pereza?): estructura clásica del género ambientada en Sevilla, con trasfondo religioso y la Semana Santa como diana preferida de las dianas ácidas. Y dadas estas fechas, vamos a hacer cierta entrada sobre estos días de Pasión, incienso y suelos resbaladizos. En la película hay un personaje, Sapo, interpretado por Jordi Mollá, que suelta algo como: “Tipos que se visten del Ku-Klux-Klan y pasean un trozo de madera como si fueran a quemar cruces”. Evidentemente exagera, porque los nazarenos no hacen esas cosas, como pensaba Tom Cruise en ‘MI2’, cuando mezcló las procesiones con las Fallas y quemaba en la película las tallas de Cristo. Toma ya, eso es entrar con buen pie en un país, hahaha. 

En la misma obra de Mateo Gil se ridiculizaba la fiesta religiosa con muy mala leche y sin demasiados argumentos. Reírse de la Iglesia ya no es subversivo, sino un chiste fácil que atenta contra las creencias personales de los demás. Somos libres para soltar ganchos de izquierda, pero también hay que saber cómo hacerlo. Reírse de los católicos no tiene punch, pero sí dejarles como al Emperador: en pelotas. Nosotros tenemos un argumento definitivo: la devoción religiosa se ha convertido en un negocio turístico, alentado desde los municipios para trincar dinero del turismo cultural. Esto es, los mercaderes han vuelto al templo, y para quedarse, hermanos. El cristianismo retrocede incluso con la aquiescencia de sus próceres, como ese deán de la Catedral que escenifica para los fotógrafos los pasos y avisa cuándo sí y cuándo no se pueden hacer fotos (si se hace sin seguir sus órdenes te echa del templo y te quedas sin fotos). 

El dinero todo lo puede, incluso corromper el alma, y esas señoras que lloran mares ante un Cristo crucificado no siente Fe, sino tradición. Sus vidas obedecen a un círculo estacional que les lleva al paroxismo psicológico porque llevan todo el año esperando esta fiesta. Eso sin mencionar la idolatría que supone arrodillarse ante un objeto de madera (ah, si Moisés levantara la cabeza…), un tema hoy olvidado pero que provocó guerras religiosas en la Edad Media. Conclusión: ya nada es lo que era, e incluso los que abominamos de la religión católica echamos de menos la verdadera pasión de un hombre visionario que fue condenado a Muerte por soñar otra utopía perfecta para los hombres. Lástima de sociedad hueca. 


domingo, 5 de abril de 2009

Subversión (1)

Subversión: sustantivación derivada del verbo subvertir, esto es, “trastornar, revolver, destruir, especialmente en lo moral”. Lo que en su día fue asociado con aquellos que rompen la tradición, hoy en día es venerado porque demuestra libertad de pensamiento o separación de la línea troncal de esa inexistente normalidad. Hoy en día el verbo como tal, y el sustantivo, están en franca decadencia, porque cualquier cosa puede ser considerada subversiva. Lo que antaño era normal y hoy incorrecto: llamar “negro” a un africano, “nazi” a un soldado israelí o “socialista” a alguien del PSOE (!). De la larga cadena de silencios prudentes por la hostilidad del mundo exterior nace la censura auténtica, la que ejercemos nosotros mismos, y ese miedo a insultar cuando en realidad el insulto es la guinda de la crítica. 

Algún día, cuando seamos libres de verdad, colgaremos en este blog el texto innombrable sobre el periodismo español: ‘Putas y mercenarios’. Mientras tanto nos contentaremos con soltar pequeñas gotitas de ácido sulfúrico. Anónimas, claro, no vaya a ser que por tener agallas nos vayan a torpedear el chiringuito (de todas formas, no hace falta ser muy astuto para saber quiénes somos...). Por ejemplo, aquí en Salamanca ser subversivo es verle las vergüenzas a un alcalde manipulador y casquivano con tendencia a la censura y el insulto fácil; decir la verdad y encima hacerla pública; comprender que el PSOE es un cadáver exquisito que ha conseguido esclerotizar la Universidad; entender que un profesor de matemáticas sin talento no puede ser alcalde; que un constructor tiene más poder que miles de ciudadanos anónimos; que el periódico de la competencia es un clan mafioso digno de Palermo; que sólo se puede ser libre, como decían los antiguos, si lo somos de corazón y de espíritu antes; o simplemente soñar con ser algo que no somos y no amodorrarnos en la apatía de conformarnos con lo que tenemos (de ser así seguiríamos en las cavernas). Sean felices, y recuerden el final de ‘La vida de Brian’: “Look always the bright side of life…, and death”. 

Pd: No me digan que no les enternece esa oveja rompehuevos...


sábado, 4 de abril de 2009

Por qué amamos la música (y renegamos de los Beatles) - Parte 2


Basta escuchar los diez primeros segundos de 'Satisfaction' de los Rolling Stones para saber qué nos gusta; el sonido de la guitarra de Page con Led Zeppelin en la parte final e 'Stairway to Heaven', o de 'Whole lotta love'; los gritos de The Who mientras reventaban los años 60 y metían a Inglaterra en los 70; cualquier canción de los Stones; The Clash y 'London calling' o 'Should I stay o go now'; la fuerza de Lenny Kravitz o Prince cuando tocan la guitarra; o directamente ese bardo repelente en lo humano y sublime en los artístico que es Bob Dylan, al que cuanto más se escucha más ganas se tiene de robarle el alma para hacer algo parecido. Aquí se escucha todo eso, pero también a The Pogues, a The Oyster Band, o Capercaille, o The Chieftains (todos padres e hijos bastardos del renacer folk), pero también a The Killers, Rage Against The Machine, de vez en cuando a AC/DC, el increíble y muchas veces ignorado Jimmy Hendrix, capaz de coger una canción de Dylan y mejorarla ('All along the Watchtower'). O The White Stripes, o mezclándolo todo: Queen, U2, algunas de Metallica, de ZZ Top (los días en que nos gustaría tener una Harley en el garaje, aunque no sepamos conducir), Deep Purple, Rammstein (más de lo que nos gustaría, por cierto...) o The Doors, que para más de uno descubrirles fue como ver una ventana desde la que se veía esa pradera que sólo ven algunos.

PD: y además, también, con la misma pasión, nos taladran los oídos Beethoven, Brahms, Tchaikovsky, Vivaldi, Mozart, Liszt, Offenbach, Palestrina, Bruch, Sibelius o Berlioz. Así que fíjense si no tendremos razones para no escuchar a The Beatles. Eso o en una vida anteior fuimos la batuta de Von Karajan o la guitarra de Jimmy Page (juas juas).

Por qué amamos la música (y renegamos de los Beatles) - Parte 1


Todavía estamos algo escamados por el post de ayer. Más de uno nos habrá crucifricado por haber mentado la madre y sombra de Lennon y compañía, pero es que no tragamos a esos nenes de parroquia. Y mira que hemos tenido oportunidades de poder apreciar su música, de escuchar mil y un recopilatorios de lo mejor de The Beatles, pero no hay manera. Siempre suena igual: ñoño. A LC estos chicos de Liverpool les recuerda a un grupo de niños pijos con cierto atractivo que explotan a los demás para triunfar. No hay ni una sola canción que se salve de ser mirada con cierto recelo, el mismo que pone un turista occidental en el zoco de Marrakesh cuando un abuelito con chilaba intenta venderle una mano de mono disecada. Sí, justo es esa sensación de "mmm, no sé, es exótico pero huele raro". En concreto el famoso disco blanco de las narices llegó cuando en EEUU ya se llevaba mucho tiempo escuchando eso. The Beatles era a Gran Bretaña lo que los Beach Boys a América: el toque naïf que nos delata como blancos sensibleros. Se comieron el mundo y las almas de quienes no habían podido escuchar nada mejor, por eso salieron adelante.

viernes, 3 de abril de 2009

¿Los cien mejores? ¿Qué hace ahí Jacques Brel?

Una reciente macro encuesta de ‘El País’ entre músicos de todo tipo en España (ay, qué gusto de trabajo deben tener con medios, ideas y ganas…) y en Latinoamérica ha dado como resultado la lista de las mejores 100 canciones de la historia. Ya dijimos una vez que el gusto está hecho de mil hastíos y muchas decepciones, pero…, digamos que si el propio Diego Manrique pone en cuarentena la lista famosa es porque demuestra el sentimentalismo de los músicos y la poca visión artística. Vamos a poner sólo las cinco primeras, para que cada uno se santigüe a gusto: 1.‘Ne me quitte pas’ (Jacques Brel); 2.‘God only knows’ (Beach Boys); 3.‘Help!’ (The Beatles); 4.‘Como el agua’ (Camarón de la Isla); 5.‘Mediterráneo’ (Serrat). De las cinco sólo salvaríamos, quizás, la balada animosa del bueno de Serrat, por lo que implica y destaca y porque sus gorgoritos tienen algo que engancha. Un simple vistazo rápido demuestra la poca amplitud de miras, la emotividad de gente que no parece entender quién revolucionó la música y hasta qué punto ciertos grupos fueron sepultados por otros por el peso de la leyenda.

Bob Dylan es ignorado en su talento, inmenso y que lo cambió todo, los Rolling Stones no aparecen hasta el puesto 25, la música negra es simple y llanamente segregada (salvo Marvin Gaye, que metió el sonido soul en la mente de los blancos), y ni hablar de hip-hop, del folk-rock germinado a golpe de concierto obrero desde los años 80, y por supuesto todos pecan de la misma manía infantil: The Beatles. Mucho ruido y pocas nueces, que diría el otro. Porque si el rock convirtió en blanco lo que era negro, el pop desmontó el entramado musical surgido de los guettos negros y de las manos de Chuck Berry para que los pequeños hedonistas anglosajones pudieran bailar y emocionarse sin demasiadas complicaciones artísticas. Mentes pequeñas, canciones facilonas, supuestamente revolucionarias de unos años 60 demasiado ilusos que han terminado muy mal. ¿Y por cierto, qué hace Brel en la lista…, por qué no Edith Piaf?


jueves, 2 de abril de 2009

Nuestros nuevos dioses - Homero despierta...

Ya es definitivo. El hecho de que la Fox haya gastado millones en hacer ‘Lobezno’, el spin off de ‘X-Men’ sobre el mejor de todos sus personajes, es una demostración de que definitivamente el paganismo ha vuelto, pero en su versión homérica. Vivimos tiempos de enhorabuena para gente como los que nutren este blog, porque por fin el corazón mismo de Occidente, la tradición homérica, resucita. Nietzsche dijo que Dios había muerto, sustituido por el espíritu del superhombre, y luego Dios susurró aquello de que Nietzsche había muerto: lo hizo en su funeral, mientras le abría la puerta del Cielo para hacerle ver la luz en lugar de castigarlo. Es posible que algo parecido a Dios existe, pero también puede que no. En el fondo da igual, porque como dijo Woody Allen: “No sé si hay vida más allá de la muerte. Si la hay lo descubriré después de palmarla, y si no, no me enteraré, así que…”. Que nadie se tome a broma el hecho de que desde los años 70 para acá el cine, la literatura y los medios se hayan llenado de pequeños dioses o héroes mitológicos, porque el paganismo ha vuelto, y los nuevos Aquiles, Ulises, Jasón, Ajax, Patrolclo o Agamenón se llaman Darth Vader, Batman, Ignatius Reilly, Hellboy, Arno Neuendorf… 

Nombres que cambian pero donde el fondo es el mismo una y otra vez: un alma atormentada, un héroe, un mito que sobrepasa la condición del ser humano de muchas formas y con un talento especial único que le hace ser guía del resto de la masa. Son los nuevos Mesías del poscristianismo. Nuevos dioses, pero humanos a la vez. El cristianismo se repliega, el Islam se hunde en el fanatismo, las religiones menores son carne de nacionalismo, Confucio resucita en versión materialista, el budismo se estanca y nadie parece ya creerse lo de que hombrecillos verdes bajarán a iluminarnos. Occidente, y más concretamente Europa, están en pleno proceso de introspección, y al hacerlo está resucitando la mitología que la empujó a comerse el mundo. Qué contradicción: en la India se tapan incluso la boca para no comerse los insectos sin querer y aquí alabamos a un tipo agresivo y sociópata con garras de acero. Decididamente Keznaburo tenía razón: “De todas las civilizaciones de la tierra, sólo Occidente lleva al diablo en la sangre”. 


Anuncio: próxima serie en Corso Expresso


Hoy habrá dos entradas (una de publicidad y otra cultural), porque somos generosos y porque en breve comenzaremos con una nueva serie: Taxidermia de Redacción, que intentará resumir la fauna y flora de un periódico desde dentro, especie por especie con todas sus virtudes (jajajaj) y sus defectos. De momento podemos hablar de esos jefes de prensa y machacas periodísticos de gabinete público a los que se les pide un dato el lunes a las 10 de la mañana para el jueves alas 16.00 horas y te lo dan el viernes a las 11 de la noche. Son muchos, son moscas sin alas que intentan volar y se dan de bruces contra una realidad informativa que de lejos les supera. ¿Para qué sirve un gabinete? Sencillo: para censurar, para influir, para inducir, para manipular y desde luego para gestionar acreditaciones (si tienes suerte lo harán bien). Todo el gremio sueña con un puesto en un gabinete, y todos desprecian la fauna que pulula por ellos. Es como la burguesía: odiada y despreciada por todos por su anodina normalidad y materialismo y a la que todos desean parecerse. Ya se sabe, tiran más dos bolsas de oro que dos carretas. No era así, pero casi. Preparen la leche contra las úlceras de estómago que en breve verán el bisturí del cirujano (pero sin acritud, desde el cariño y el respeto, que os....). Sonrían.

miércoles, 1 de abril de 2009

Joseph Haydn y Marvin Gaye duermen en la misma tumba

Extraños compañeros de cama hace la Muerte, con mayúsculas. El mismo día (hoy miércoles) en el que se cumplen 25 años de la muerte de Marvin Gaye a manos de su tarado padre (un ultra cristiano negro que no hubiera podido distinguir un acorde de un salmo) empiezan las celebraciones oficiales del bicentenario de la muerte de Joseph Haydn (el del cuadro que parece George Washington), el padre del clasicismo de la mal llamada ‘música clásica’, que no es otra que la música sinfónica. O música a secas para los ultras de la calve de Sol bien hecha. Como dijo uno de los feligreses de esta secta “Beethoven es Dios y desde 1940 sólo se hace ruido para palomas”. Toma ya. De mister “Sonido Austríaco” podemos decir que fue profesor de Mozart, que vio venir a Beethoven y que se convirtió el modelo de músico de corte y de encargo que duraría hasta bien entrado el siglo XIX. El pistoletazo de salida de los múltiples conciertos del ambicioso Año Joseph Haydn (1732-1809) lo ha dado este martes por la noche Nikolaus Harnoncourt al frente de su Concentus Musicus, entonando cuatro sinfonías (la Nr 1, la 59, la 95 y la 100) del músico austriaco. A ciencia cierta que no puede haber nada más antagónico que una sinfonía cortesana de Haydn con la interpretación que hizo Gaye del himno americano aquella noche en la que unió a todo un país con su forma tan peculiar de cantar y retorcer la voz.

Negro más negro que nadie, convirtió el espíritu de la música de su gente en un producto bien lustroso y empaquetado para que los blancos descubrieran ese sonido serpenteante, profundo, suave y pecaminoso que llevaba siglos inundando Nueva Orleáns, los guetos de Nueva York, Chicago o Los Ángeles y que se metía en sus oídos sin problemas. Entre tanto, y aunque amemos el clasicismo, seguimos pensando dónde habría podido llegar el bueno de Marvin si no hubiera caído en las drogas, el alcohol y el frenesí copulador por culpa de un padre hipócrita, sacerdote y que había abusado de él siendo un niño. Lo mató y con él murió buena parte del soul cuando sólo tenía 45 años. Imagínense lo que hubiera sido de los años 80 de estar él vivo, imagínense lo que habría sido el siglo XIX si Mozart hubiera vivido 20 años más. Seguro que en Salamanca hacen algo recordando al austríaco, pero probablemente lo de Gaye pase sin pena ni gloria. Qué pena de urbe. Requiescant in pace ambos.


martes, 31 de marzo de 2009

Los huesos desnudos de Madeleine

Bare Bones, una voz suave sin estridencias, con tendencia a parecerse a la de Nina Simona, un jazz salpicado de tranquilidad, donde ni una nota rompe la línea fácil de la melodía. Once canciones y ese título sugerente. Once pequeños lamentos de ese tipo de jazz cantado donde sólo la mujer parece dispuesta a hacer algo que merezca la pena oír. El que escucha se imagina una mujer negra y ligeramente oronda de lejano nombre francés, quizás pensando que es una de esas ovejas oscuras surgidas de los clubes de jazz de New Orleáns donde van los grandes músicos de incógnito a escuchar a los músicos de verdad. Luego descubre a una mujer joven, rubia y ligeramente aniñada, de ojos azules y rasgos europeos nacida en el sur profundo de Estados Unidos (única coincidencia) pero que tuvo que irse a los clubes de París, en el barrio Latino y universitario, para poder despuntar y regresar al hogar con una carrera bajo el brazo. Cinco discos bajo el brazo y una maravilla llamada ‘Bare bones’ que bien vale gastarse el dinero. Cuando canta Peyroux mece el alma como una niñera que sin estridencias deja caer lágrimas de jazz sobre el oído, como ver volar un colibrí entre tanto ruido que los demás llaman música y no es más que la demostración de que las perlas negras son siempre pequeñas, discretas y que no se oyen, se anhelan y se sienten. Una muestra: “I remember what my daddy tahught me ‘bout how warm whiskey is in a cold ditch / I got these bare bones”.


lunes, 30 de marzo de 2009

Y los freaks heredarán la tierra... (ay Dios, ¡y yo con esta maldita normalidad!)

En los años 70 se hizo muy popular una canción de Chic llamada ‘Le freak’. Tanto que se considera uno de los mayores éxitos de Atlantic Records y está considerada la número 19 de la lista de las cien mejores canciones del Billboard americano en los últimos 50 años. Era una canción ramplona en las letras, marcada por el estilo funk donde lo que importa es el ritmo y el sonido, con el contenido. ¿Y eso qué tiene que ver con la cara de Darth Vader? Pues una palabra que pasó de definir lo extraordinario y 'chic and cool' a lo 'raro' con pasmosa facilidad. Con eso en mente merece la pena destacar otra gran “frikada”. Se llama ‘Star Wars. The exhibition”, y en Madrid ha tenido que ser prorrogada hasta mediados de abril por la cantidad de gente que acude a diario a ver la “exposición oficial” que ha montado George Lucas con vídeos, reproducciones, todo el trabajo de storyboard y maquetas a tamaño real de la parafernalia de la hexalogía (seis películas, a ver si estudiamos algo más de griego…). Al ver aquello, uno de nuestros corresponsales (como si hubiera muchos) redescubrió el sentido de aquella sentencia mítica: “Algún día, los frikis heredarán la tierra, y vosotros tendréis que soportarles sin rechistar”. 

Eso lo dijo Guillermo del Toro, uno de los santos patrones de esa gran familia feliz de inadaptados sociales que viven por y para sus pequeñas religiones simbolistas donde todo tiene un sentido, donde ellos son el centro y en las que nadie les golpea como clavos que sobresalen del tablón. Los freaks son un subproducto típico de una civilización que tiene miedo de todo lo que no comprende o es capaz de controlar, de todo lo que se sale de ese concepto de “normal” que no aguanta ni un asalto de la inteligencia. Mueven millones de euros en todo el mundo, son capaces de demostrar una lealtad sin límites a un producto y al marketing asociado (con el que Lucas se ha forrado y alicatado él mismo hasta el techo) y ya no se avergüenzan. Pero claro, es más fácil asetearlos como un San Sebastián cualquiera mientras el pobre freak mira al cielo donde habitan Vader y el Doctor Spock y decir eso de “perdonadles, porque no saben lo que hacen”. Pues eso, sigan ustedes con sus vidas normales, no vaya a ser que se les enfríe el café por usar el hemisferio equivocado..., pero luego no nos digan que no les avisamos: de hecho, en un episodio de 'Futurama' se decía que Star Trek se había convertido en religión oficial allá por 2040. 


domingo, 29 de marzo de 2009

Nueva York en un 'click'

Nueva York es como un gran golpe brutal, un puñetazo ácido, siniestro, malencarado y que se pasa las normas de la convivencia civilizada por el forro. Y aún así, todo el mundo la ama y la odia con igual pasión. Algo tiene, pero de momento no ganamos para enviar corresponsal, y no será por ganas. De momento podemos ir a La Casa Encendida de Madrid y ver ‘Retratos de Nueva York: Fotografías del Moma’, una de esas muestras que la vanguardia cultural madrileña va a ver con la misma pasión insufrible con la que pide un café de 6 euros en un Starbucks. 

Desde 1888 hasta nuestros días, y hasta el 14 de junio, las salas de este invento de la industria cultural de Caja Madrid recoge fotos de Alfred Stieglitz, Walter Evans, Henri Cartier-Bresson, Lee Friedlander, Diane Arbus, Weegee, Cindy Sherman o Irving Penn. Ellos juntos con otros 84 amantes del click y el diafragma luminoso. Ahhh, la fotografía en blanco y negro, con esas formas geométricas, con esos juegos de humanidad y cemento, esos contrastes entre el colmo de la civilización y el progreso y las bolsas de pobreza. Como nosotros, que sí, vamos a ir a verlo pero sin gafas de pasta (hahahah). Sí, somos burgueses rojos, ¿y saben qué?, en el fondo nos gusta. Se vive bien, sin problemas y las dosis justas de apatía existencial... (más risas).

 

sábado, 28 de marzo de 2009

El Cid, los árabes y los arabescos

Hablando de tonterías: ahora resulta que el ‘Cantar del Mío Cid’ lo escribió un árabe. Vamos, como si importara algo. Su valor ya está hecho: puso los cimientos del castellano. Quién lo hiciera es tan insípido como saber el nombre, vida y milagros, del tipo que inventó la tarta de queso con arándanos. Vale, es una curiosidad, pero millones de personas ya usan el castellano, y sospechamos que al mundo islámico le trae un poco sin cuidado quién lo hiciera. De hecho, bien mirado, les resultaría a los musulmanes escandaloso que un tipo que les conquistó Valencia y les dio una y otra vez donde más duele acabara inmortalizado por uno de los suyos. Vale que tenía buena reputación como mercenario al servicio de los árabes, y también que tuviera mano izquierda con los vecinos del sur, pero de ahí a glosarle para la posteridad de los enemigos cristianos de siempre… En fin. Esto es como cuando dicen que Shakespeare era gay (¿y qué?), que Cervantes se lo copió todo a un magrebí (para el caso, por algún lado debía salir esa joya de ‘El Quijote’) o que Homero no existió y es un mito que aglutina siglos de tradición oral. Esto último…, vamos, ¿qué narices importa si todos nos derretimos con la ‘Odisea’? Al final incluso dirán que Gervaise de la Rochelle era un mito inventado por los intelectuales de la Resistencia francesa en Inglaterra…


viernes, 27 de marzo de 2009

El teatro, ese cadáver que nunca muere

Hoy es el Día Mundial del Teatro. Es el arte del ave fénix, una mentira tan gorda como las que cuentan los actores y autores sobre las tablas. El teatro está eternamente en crisis desde que aquí tenemos uso de razón, y sin embargo mantiene los escenarios abiertos, estrena y repite una y otra vez obra, llenan como mínimo el 60% de las localidades y no paran de salir dramaturgos y grupos de teatro amateur. ¿Qué diablos tienen las máscaras griegas para que la gente no pare de ir, de pagar entrada, los actores de subirse a las tablas y todo el mundo de repetir una y otra vez eso de “el teatro está en crisis…”? Son esas cosas incomprensibles, uno de esos enigmas que no se solucionan ni pensando ni sintiendo. Básicamente, es una incongruencia, como el acto mismo de pagar por leer algo. Es estúpido, pero lo hacemos, y encontramos un extraño placer intelectual y emocional, un chispazo que anula el reduccionismo mercantilista que le niega a la cultura valor intrínseco. Lo tiene, pero es tan intangible e incalculable que ni el capitalismo puede conquistarlo. Olé. Mientras Salamanca se desangra en la escena con una ínfima celebración, en Madrid harán 170 representaciones en apenas 24 horas. Genial, fabuloso, ¡¡viva el exceso y la lujuria literaria!!


jueves, 26 de marzo de 2009

U2, la OCP y el ajuste de cuentas

El fenómeno fan es una esquirla incontrolable de los deseos. Un ejemplo: mister OCP, un tipo cuyas iniciales son iguales que la compañía futurista que construyó a Robocop…, pero ésa es otra historia. OCP tenía una daga clavada en el corazón. Se llamaba U2, otras siglas que recuerdan siempre a otra cosa. Para todo el mundo es el gran grupo irlandés de los años 80 y 90, el único que va camino de ser otro Rolling Stones cuando los originales no encuentren la fórmula de la inmortalidad a tiempo. Para mucha más gente U2 era el nombre en clave de los submarinos alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, el nombre de varias líneas de metro de Alemania y Austria, y también la nomenclatura del avión espía americano de la Lockheed que hizo estragos en la URSS en los años 50 y 60. Para nuestro super fan era una cimitarra que le pasaba de un costado a otro: estuvo más de media vida queriendo ir a verlos y siempre salía mal la jugada, bien por dinero, por tiempo, por ganas.. y por fin lo consiguió. Sus bufidos de alegría se hacían casi sexuales cuando su novia avisó de que tenía las entradas, y de que además había conseguido otras dos mejores que se podrían revender para pagarse el viajecito desde Salamanca a Barcelona, donde actuarán el 30 de junio. Y aquí paz y después gloria. Lo que no se haga por la música no se hace ni por la madre propia o ajena. O no. 

Pd: Aquí también somos fans, pero con acidez de estómago desde que un gallego nos dijo eso de “¿Para qué voy a seguir a otros cuando puedo seguirme a mí mismo?". Pues eso...

miércoles, 25 de marzo de 2009

Nosotros, los pensativos...

Cada día Tiresias empieza a tener más razón. Cada segundo que expira dejando paso a otro nos damos cuenta de que el escritor vive bien si no se excede en su humanidad. Ya dijimos hace poco que la futilidad de lo informado se superponía a la calidad. En un mundo que acelera cada vez más, ciertas licencias, como el tiempo para sentarse y pensar, se convierten en lujos que ni todo el oro del mundo puede comprar. Se nos viene a la memoria ‘Tiempos modernos’, donde Chaplin dejaba bien a las claras cómo el ser humano pierde la libertad y la sangre en un sistema que le automatiza sin cesar, en el que se hunde entre los engranajes de una maquinaria que no llega a ningún lado. Un tipo bastante poco propenso a lo revolucionario aseguró hace poco que la gran ruptura llegará cuando el ser humano regrese a su condición de brujo, cuando el conocimiento se convierta en un arte de ejercicio continuo y virtuoso y no una técnica industrializada. 

Algunos añoran los tiempos en los que escribir era un placer y no una monotonía insufrible; otros echan de menos la época en la que correr era de idiotas, porque los sabios caminaban. Eran los tiempos de los filósofos, los científicos, los brujos, los budistas y los sanos y serenos de espíritu. Hoy, en cambio, aprovechamos toda nuestra tecnología para convertirnos en galgos que se desfogan detrás de una liebre mecánica que nos empuja a ser mejores que los demás. Falso, no se es mejor por correr más, ni por llegar antes. Se es mejor cuando sentado en una roca te das cuenta de la estupidez de la vida. Ya lo dijimos hace poco, pero lo repetimos para que no haya equívocos: Mejor reírse de la vida que temer a la muerte, mejor reírse de ésta última que tomarse en serio la vida.

PD: Y luego preguntan que quién es Gervaise de la Rochelle...